
Por: Lolis Padilla Hernández
Desde 1996 el Centro para la Audición y Comunicación (CHC) fundó el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, con la intención de crear conciencia entre la población y los gobiernos del mundo sobre el daño que hace el ruido.
Puede definirse el ruido como un “sonido inarticulado, sin armonía ni ritmo que tiende a ser desagradable y molesto al oído”. Estamos hablando de algo no deseado, que puede llegar a perturbar. Es un riesgo permanente para la salud y el medio ambiente.
Los cambios sociales que vivimos nos han llevado al crecimiento de los centros urbanos, la vida de las ciudades medias y las grandes urbes está aumentando en ruido. El creciente uso de las motocicletas facilita los traslados y economiza el consumo de energéticos, pero ha venido a aumentar los decibeles que sufrimos de manera cotidiana en nuestro tránsito por las calles, sumado al claxon de los autos por los congestionamientos viales, por decir lo menos.
Los daños que el ruido puede causar además de afectar a la audición son: trastornos del sueño, enfermedades cardiovasculares, problemas cognitivos, socioacusia (déficit auditivo), cefaleas, estrés, irritabilidad momentánea, fatiga, neurosis, depresión, alteraciones del sistema circulatorio y digestivo, solo por mencionar algunas. Dependiendo de su intensidad y frecuencia, será el daño causado.
Y qué decir del ruido que lastima nuestra alma, ese que inquieta el espíritu, que nos roba el sueño, que nula en entendimiento y el sentido común, que nos desequilibra y que deshumaniza, ese que nos llega cuando nos saturamos de noticias negativas, de información las más de las veces falsa en redes, de rumores, chismes y maledicencia. Este, es peor que el que lastima nuestro oído, pero ambos podemos contenerlos.
El ruido físico requiere de nuestro esfuerzo por aislarnos de él, usar con volumen moderado todas las formas de reproducción, evitar en la medida de lo posible que los vehículos que manejamos lo produzcan, ahorrarnos el claxon y acostumbrarnos a apreciar el silencio.
El ruido que inquieta el alma nos lleva necesariamente a no saturarnos de información, a no ocuparnos de problemas ajenos, a buscar la serenidad mediante el silencio físico, el viaje hacia interior, la lectura, la buena música, la oración hasta encontrar la paz. Recordemos que cada día tiene su afán y no hace falta aderezarlo con lo que no está en nuestras manos.
En este 29 de abril, Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, revisemos cómo estamos ante este fenómeno que toca no solo nuestro oído, sino también el alma.
¿Cómo te aíslas del ruido?

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