
Por: Abelardo Aldama Andrade
Nuestra época aparenta progreso, pero en cuestión de luchar para aliviar al enfermo, prefiere aniquilarlo por “compasión”, hablando con ambigüedad. La eutanasia se practica de modo “legal” a ancianos y a quienes padecen enfermedades incurables y dolorosas. En palabras directas: se prefiere matarlos por inútiles. (¿Serán útiles los “compasivos” legisladores?).
Esta acción, como el aborto, es un crimen, nada de progreso. Es crueldad, ya que se ha perdido el valor de la vida, desde su nacimiento hasta su término natural. No existe verdadera compasión ni auténtico amor al prójimo. Ciertos gobiernos convierten a los médicos en “asesinos” con licencia. Canadá es uno de ellos, de tal modo que la eutanasia ya es la 5ª causa de muerte.
El pasado 1 de abril, la cadena de noticias NCR (National Catholic Register) publicó el caso de la señora Miriam Lancaster, de 84 años de edad. Llegó a un hospital en Vancouver, aquejada de dolor de espalda. Le sorprendió que la doctora, en lugar de buscar la manera de analizar su caso y atenderla, de inmediato le ofreció la eutanasia, pues por su edad sería difícil o nula su rehabilitación. ¡Hasta dónde han llegado ciertos gobiernos y médicos liberales y progresistas! La justificación -mentira- empleada es “compasión” para quienes ya no podrán acceder a una vida “digna, sana, sin dolor y humana”. ¡Qué saben de practicar actos verdaderos de amor!
La señora Lancaster se defendió y escapó de quienes le negaban la vida. Pasado un tiempo, se recuperó a tal grado que, junto con su hija, realizó viajes a Cuba, México y Guatemala. Montó a caballo y paseó sin problemas. ¿Acaso los médicos tienen una bola de cristal para decidir quién se sana y quién no? Algunos médicos diagnostican -con “ciencia”- poco tiempo de vida a un enfermo. Y viven hasta 10 ó más años. ¿Quiénes somos para corregir la plana a Dios?
En España, país creyente, pero con gobierno anticatólico, se propone alcanzar 60 muertes al año, a través de la eutanasia, y desacreditar la virtud de la esperanza. El caso de Noelia Castillo ha levantado mucha polémica, pues se saltaron diversos procesos para matarla “legalmente”. ¿Hasta dónde se llegará? Hasta que a los promotores de la eutanasia, cuando se enfermen -de una gripe-, se les ofrezca esta práctica por “compasión”, pues sufrirán y serán una carga para el erario. ¿Acaso un paciente pierde su dignidad por tener una enfermedad terminal? ¿No será más bien cobardía e ignorancia de quienes deben buscar el modo de auxiliar a los enfermos?
La señora Lancaster es un testimonio al poner en entredicho a los defensores de la eutanasia. La encíclica de san JPII “Evangelium vitae” (Evangelio de la vida) ofrece reflexiones sobre este tema y sobre la compasión auténtica. Se recomienda su lectura, sobre todo para ciertos “católicos” que consideran que la eutanasia, el aborto, el suicidio asistido y más engaños, son progreso.

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