“ALABADO SEAS, MI SEÑOR, POR NUESTRA HERMANA MADRE TIERRA”

por | Abr 24, 2026 | Dimensiones pastorales

Por: Pbro. Jonathan Arias – Pastoral del Medio Ambiente

En el marco del Día de la Madre Tierra (22 de abril), la invitación que surge desde el corazón de la Iglesia no es simplemente a una celebración ecológica, sino a una conversión profunda del corazón. Inspirados por el Cántico de las Criaturas, escrito por San Francisco de Asís en un momento de gran debilidad física pero de inmensa lucidez espiritual, recordamos que la tierra no es un recurso inanimado, sino nuestra hermana y madre.

San Francisco nos enseñó que la naturaleza es el «espejo» de Dios. En su poema, define a la Tierra como aquella que «nos sustenta y gobierna», produciendo frutos, flores y hierba para nuestro diario sustento. Esta visión mística rompe con la idea de dominio absoluto del hombre sobre la naturaleza; más bien, nos sitúa como parte de una gran familia donde el sol, la luna, el agua y el fuego son hermanos que manifiestan la grandeza del Creador. «Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna…»

El papa Francisco en su encíclica Laudato Si’ nos advierte que esta hermana hoy clama por el daño que le provocamos a través del uso irresponsable de los bienes que Dios ha puesto en ella. El concepto de Ecología Integral nos recuerda que no hay dos crisis separadas (una ambiental y otra social), sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.

 La humanidad se ve amenazada cuando deja de reconocer en sus semejantes y en las demás criaturas a hermanos y hermanas a quienes respetar. El Día de la Madre Tierra es una oportunidad para: Reconocer la sabiduría del Creador, entender que cada elemento tiene un valor intrínseco y ha sido hecho con sabiduría. Vivir con humildad, aceptar que somos deudores de la creación y que nuestro papel es servirla con gratitud. Fomentar la paz y el perdón, así como Francisco añadió versos sobre el perdón en su cántico para reconciliar a las autoridades de su tiempo, hoy debemos reconciliarnos con la creación a través del arrepentimiento y la regeneración.

La creación entera, como dice San Pablo, aguarda con ansiedad la manifestación de los hijos de Dios. Ser «hijos de Dios» en este contexto significa actuar como administradores responsables y no como dueños despóticos. La «hermana agua», que Francisco describe como «útil, humilde, preciosa y casta» , o el «hermano fuego», que es «bello, robusto y fuerte», no son objetos de consumo, sino compañeros de camino.

En este día, que nuestra voz se una a la de Francisco para alabar, dar gracias y servir al Señor con gran humildad. Que la fuerza del misterio pascual nos ayude a proteger este gran proyecto amor y generosidad que Dios ha puesto a nuestra disposición, no para agotarlos, sino para que sean alabanza de su gloria.

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