Por: Pbro. Jesús Barragán Bueno 

Con la llegada del adviento en el tiempo litúrgico de la Iglesia, la figura de Juan Bautista volverá a salir en escena para recordarnos sus palabras lacónicas “detrás de mi viene otro con más autoridad que yo, a quien no soy digno para desatarle la correa de sus sandalias” (Lc 3,16). Los evangelistas abordarán el tema del ministerio de Juan Bautista desde la perspectiva preparatoria del pueblo de Israel ante la inminente llegada del Reino de Dios, a la vez que Juan viene a dar paso inaugural al ministerio de Jesús. Encontrar la unidad de ambos ministerios y a la vez su diferenciación y progresiva superación del ministerio del Señor Jesús de frente a la labor bautismal de Juan es algo que buscan dejar en claro los cuatro evangelistas. De hecho, en los evangelios de Mateo y Lucas aparece un episodio que remarcará esta unidad y diferencia: se dice que estando Juan en la cárcel y al enterarse este de la actividad de Jesús, decide enviar a dos de sus discípulos para preguntarle ¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? (Mt 11,3). Jesús no responde ni con un “sí”, ni con un “no”, sino que pide a estos discípulos de Juan, que regresen a donde él y le digan lo que han visto: “los ciegos ven, los cojos caminan, los sordos oyen y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia” (Mt 11,5). Surge entonces la pregunta ¿y a quién espera Juan?... la respuesta de Jesús a ese par de discípulos, es la respuesta para todos aquellos que creyeron en la predicación de Juan y que incluso se hicieron bautizar.

   La predicación de Juan se enmarca en la proximidad del Reino que está por llegar donde Dios pondrá en orden todo y en su juicio dará a cada quien su lugar; mientras que para Jesús “el tiempo se ha cumplido” (Mc 1,15) predicar el Reino es hablar de la actuación de Dios, el ahora de la salvación que se hace manifiesto en las personas necesitadas de salud, pero sobretodo en la Buena Nueva que se anuncia y es bien recibida por los pobres. Jesús admiraba mucho a Juan Bautista que llegó a expresarse, “les aseguro, que de los nacidos de mujer no ha surgido alguien mayor que Juan Bautista” (Mt 11,11); no obstante, sabe reconocer, que por muy grande que sea Juan, deben ser más dichosos las personas que escuchan a Jesús y se abren a la Buena Nueva del Reino, “pues el último en el Reino de los cielos es mayor que él” (Mt 11,11), pues el juicio de Dios se aplazará y con Jesús comienza el tiempo de la misericordia y la bienaventuranza.

    Estimados lectores, ahora que nos adentramos nuevamente al adviento y que se nos invita a disponernos a la Navidad, no olvidemos que el ahora de Dios está y que Cristo nos llama a entrar a esta dinámica del Reino. Con Cristo en nuestra vida, nuestra vocación se abre a un horizonte de salvación. El adviento es la palabra adecuada para expresar “el venir de Dios” y comporta para nosotros la oportunidad de despertar nuevamente al don de la fe, pues el que ha de venir, ya vino y así como aquel par de discípulos que una vez Juan Bautista envió, somos invitados a detenernos a escuchar la Buena Nueva, que para los evangelistas Lucas y Mateo bien se puede partir desde la contemplación del nacimiento mismo del Salvador.

    Me parece que es muy oportuno al iniciar este año litúrgico, siguiendo con la dinámica de los últimos artículos, invitarles a poner la mirada en el Salvador y dejarnos conducir por él a ese torrente salvífico que fluye de su Palabra, de su mensaje y de su hacer. Espero poder atinar en mis reflexiones y a la vez invitarles a detenerse en su vida, pues quién, sino sólo el Señor puede avivar la llama de la fe en nuestra persona y mantenerla así para cuando vuelva nos encuentre bien.