«Damos gracias a Dios por la cosecha obtenida de nuestro Seminario en este año». Con estas palabras inició su homilía nuestro Obispo Don Javier Navarro, en la misa de ordenación de 5 nuevos diáconos y 5 nuevos presbíteros, el pasado 18 de mayo. Al finalizar la celebración, se hizo público el destino misionero de cada uno de los ordenandos. En relación a los diáconos, Martin Fajardo, Hugo Yahir Ibarra, Jesús Ávila y Omar Magaña culminarán sus estudios teológicos y continuarán con su formación hasta este Verano, en el Seminario, y una vez terminada la etapa, se les designará un nuevo destino. El diácono Charly Jonathan Hernández dará seguimiento a su servicio como parte del equipo formador en el Curso Introductorio de Cotija, hasta cerrar el ciclo 2018-2019.

Fue de grande sorpresa el envío a la misión que Mons. Don Javier Navarro hizo, al nombrar 4 nuevos vicarios parroquiales: el neo-presbítero Hugo Morales irá a la Parroquia de San Francisco, en Tancítaro; José Luis García, a la Parroquia de Ntra. Señora de Guadalupe, en Uruapan, su tierra natal; Josué Zalapa, a la Parroquia del Santo Cristo Milagroso, en Tanhuato; José de Jesús Tello continuará su labor como sacerdote en la Parroquia de Santiago Apóstol, en Chilchota, donde realizó su diaconado, y Felipe de Jesús Sánchez seguirá desarrollando su misión en el Seminario Menor, en Uruapan.

Es motivo de alegría para nuestra Diócesis que sangre nueva se inserte en el presbiterio, y de esperanza para la Iglesia Universal, saber que hay nuevos operarios en la viña del Señor, que siendo vasta y compleja en sus cambios, sigue produciendo frutos. Sabemos muy bien que un huerto, para que produzca, necesita de empeñado trabajo, dedicación, inversión de recursos y, lo fundamental, que Dios haga crecer en el silencio lo sembrado, para que pueda haber abundantes frutos que se puedan cosechar; de lo contrario, nada se podría lograr. Me he fijado en los cortadores de aguacate: cómo el fruto se quita del árbol, estando todavía verde, pero con la garantía de que ha llegado a su desarrollo pleno y lo que resta es su maduración. El Seminario pudiera asemejarse a esta acción, pues si bien hay cosecha, sin embargo la madurez prosigue…  

Recientemente, en el documento “El Don de la Vocación Sacerdotal” (Ratio Fundamentalis Institutionis sacerdotalis) 2016, se ha escrito muy claramente que la etapa del Seminario realiza una formación inicial, a la cual acceden los candidatos que previamente han sido aceptados en la etapa de promoción vocacional y que vivirán «durante el tiempo precedente a la ordenación sacerdotal […], con contenidos formativos que preparan al seminarista para la vida presbiteral» (No. 55). Esta formación, por ser previa, tiene que ser ardua y garantizar, efectivamente, que el corazón, la mente y la fuerza de cada seminarista se orientan a ir conformando su vida con el de Cristo sacerdote y pastor, capaz de entregar su vida por las ovejas. Por ser formación inicial, su punto de partida lo realiza en una etapa propedéutica, lo profundiza en una etapa discipular/estructuradora y lo configura en una etapa de conformación de la persona con el corazón de Cristo sacerdote. El tiempo básico es de 8 años, más la etapa de síntesis formativa que se realiza en el tiempo del diaconado.