Por: Jesús Barragán Bueno

El sociólogo mexicano Bernardo Barranco, muy interesado en temas religiosos y más con referencia a la Iglesia católica, ha escrito y editado un libro titulado “Depredadores sagrados” donde aborda el tema de la pederastia clerical en la Iglesia y en México. Su libro conoce la luz precisamente en la misma semana en la que el escritor y novelista peruano, premio nobel de literatura, Margo Vargas Llosa publica en una entrevista cómo en su etapa de estudios primarios, a la edad de doce años, sufrió un intento de abuso en una escuela católica. Noticia que suscitó revuelo en algunos medios, acusando en los titulares que el abuso en verdad se había cometido, cuando en verdad él narra cómo un religioso lo único que hizo fue un intento, pero que sí dejó en él una huella para alejarse de la fe y de la Iglesia.

Es un hecho que la Iglesia ha venido cambiando su actitud de frente al tema de los abusos. Creo que, a nivel de acción, la Cumbre que se realizó en Roma en el año 2019 marcó un antes y un después de frente a la actitud nociva y estructural de una Iglesia que oculta su delito y su pecado. No hace mucho el Vaticano publicó el cambio al libro VI del Código de Derecho Canónico que totalmente fue reelaborado y que integra las penas que se atribuyen al delito de abuso.

Mucho queda por hacer y quiero pensar que la Iglesia misma, si sabe levantarse y crecer a partir de este grave error y al ir dando pasos decisivos en este rubro posibilitará que nuestras sociedades también avancen. La Iglesia es un ente orgánico que donde ella está, la mayor riqueza que puede comunicar es el evangelio mismo y permitir que éste dé fruto abundante en nuestras sociedades. Recuerdo con alegría, cuando el Papa Benedicto XVI detalló el título de la Conferencia Episcopal de Aparecida para que fuera “Discípulos y misioneros de Cristo, para que en él nuestros pueblos tengan vida” me hace pensar como el evangelio tiene una fuerza transformante de nuestras comunidades, pues finalmente Cristo al darnos su Espíritu puede suscitar fuerzas nuevas que ayuden a nuestros pueblos a salir delante de sus muchos atolladeros.

Si bien es cierto que las cosas avanzan con pequeñas acciones, en la promoción vocacional a la hora de presentar el plan de trabajo al equipo nuevo de seminaristas, integramos algunas normas de cuidado pastoral de los niños, adolescentes y jóvenes con quienes trabajamos. Es muy importante hacer saber que no hay nada más contrario a nuestro propósito de ser acompañantes vocacionales, que permitir o posibilitar un abuso, pues nuestra pastoral busca promover a la persona y abrirla al deseo profundo de que es Cristo quien nos llama y promueve la vida. Tiene que haber en nosotros una actitud positiva hacia los adolescentes y jóvenes que se acercan y conservar siempre una actitud de sana distancia que propicie un ambiente seguro. Las convivencias vocacionales, los campamentos, preseminarios, misiones, retiros y demás actividades debemos verlos bajo esta lupa de “la sana distancia” y “la sana cercanía”. La sana distancia equivale a la relación dispar que se da de parte del equipo de la Promoción vocacional con los chicos; es decir, que nuestro objetivo siempre es el servicio y nunca nos quitamos esa playera de identidad y apostolado. Por otro lado, está la sana cercanía, que nos permite el diálogo amistoso, la convivencia y la apertura fraterna. Mucho está por hacer y desde aquí queremos aportar un poco a este cambio comprometido que deseamos avanzar en la Iglesia.