Del tiempo de Pascua me gusta como la liturgia nos acerca a la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles donde podemos meditar como el ministerio del Señor Jesús tiene su consecución y prolongación en el ministerio que desempeñan los apóstoles y claro, también en los demás discípulos y discípulas, quienes ya gozan de la fuerza del Espíritu Santo. Este libro, viene a ser la segunda parte de la obra del evangelista Lucas, quien trata de heredarnos una visión de conjunto y unidad entre el ministerio que desempeña el Señor Jesús y el ministerio operante de la Iglesia en sus diferentes miembros. Vemos a los apóstoles tomar la palabra y predicar, anunciar sin miedo que Jesús, a quienes crucificaron, resucitó (Hc 2,14ss). Aparece una Iglesia eminentemente misionera, en un proceso paulatino de irse abriendo a nuevas realidades geográficas y también culturales, pero a la vez asumiendo en su interior nuevos retos y enfrentando problemáticas que discernir.

Según el testimonio bíblico, Jesús desempeñará su ministerio en la región de Galilea, un tanto en Samaría y su destino mayor Judea; si acaso logró visitar algunos lugares de paganos donde sería sorprendido por algunos pocos testimonios como el de la siro fenicia, o la región de los gerasenos. Jesús concibió y desarrolló su misión en un contexto judío y no previó como pudiera realizarse esta misión en el mundo gentil; sin embargo puso las bases. Ahora su Iglesia se lanza hasta los confines de la tierra conocidos en aquél entonces viviendo un proceso que pasa por etapas de maduración en la misión.

El libro “Teología para la misión hoy” de los misionólogos Sthepen B. Bevans y Roger P. Schroeder, ambos sacerdotes misioneros del Verbo Divino, hacen una revisión del libro de los Hechos y plantean en él siete pasos decisivos que van abriendo a la Iglesia a la misión… ella, no se puede entender a sí misma, si ésta no vive de la misión. Una idea clara para el desarrollo del libro es que «el objetivo de la Iglesia es más bien hacer referencia más allá de ella misma, ser una comunidad que proclama, vive y da testimonio del reinado de Dios. Al hacer esto la Iglesia comparte y continúa, por el poder del Espíritu de Dios, la obra de su Señor Jesucristo».

En el primer paso, encontramos en el inicio del libro a la Iglesia que aguarda la llegada del Espíritu que Jesús promete. Una preocupación late a su comunidad: «Señor, ¿es ahora cuando vas a establecer la soberanía de Israel?» (Hc 1,6). Jesús deja en claro, que no corresponde a la Iglesia histórica saber el tiempo o las circunstancias que el Padre Dios ha fijado para restablecer todas las cosas; mientras toca a la Iglesia ser testigos del resucitado y anunciarlo en Jerusalén, Judea, Samaría (lugares donde Jesús mismo desempeño su ministerio) y hasta el confín del mundo (Hc 1,7). De esta manera vemos que a partir de este mandato Jesús deja ver el desarrollo de la misión que el libro de los Hechos nos reportará; sin embargo, es de notar que esta primera comunidad, no lo tiene todo claro… de hecho, sus expectativas de que Jesús volvería y restauraría todo se ve reflejado en la elección de Matías, como sucesor de Judas, el traidor. Si Jesús vuelve encontrará a su comunidad completa y restaurará a Israel. La llegada del Espíritu Santo a la Iglesia reunida en Jerusalén, hace dar un segundo paso a la Iglesia, que si bien, el Espíritu le hace gustar la llegada de estos tiempos mesiánicos, sus miembros sentirán un deseo de volver a Israel para invitarles a abrirse al plan de Dios obrado en su Hijo. Sabemos muy bien nosotros, que este Israel escogido por el Señor, encontrará en el Israel de su tiempo una negativa al plan de Dios, pero con la novedad de que el mundo gentil se abrirá con generosidad a esta buena noticia.     

Pbro. Jesús Barragán Bueno