Por cuarta vez consecutiva, al equipo de Promoción Vocacional lo integrarán el grupo de 4º de Teología, que en este ciclo concluirá su formación en la etapa configuradora con Cristo Sacerdote y Pastor. Los seminaristas son: Víctor Bolaños, Jonathan Arias, Néstor Rodríguez, Brandon Godínez, Noé Vázquez, Juan Carlos Hernández y Jesús Flores, 7 al igual que otros años, que colaborarán en este apostolado.   

Renovar esta decisión nos pone en el propósito de ir edificando una forma diferente de entender la Pastoral Vocacional, por lo que caigo en la cuenta, por la opinión de los mismos seminaristas, que al ir teniendo todos la oportunidad de formar parte del equipo de vocaciones, se busca ir asumiendo un compromiso futuro de promover las vocaciones sacerdotales desde sus parroquias o en otros apostolados. Ciertamente vivimos tiempos cambiantes, pero cuando las parroquias no se rajan y saben trabajar con las nuevas generaciones en la evangelización y formación, necesariamente surgirán vocaciones. Más aún, cuando el sacerdote de la parroquia sabe proponer la vocación al Sacerdocio, en otras palabras, sabiéndose pescador de hombres, lanza la red con la certeza de que es el Señor quien llama.  

Proponer la vocación es animarse a decirle a un joven que considere el llamado. Algunos colegas sacerdotes en la Diócesis se han distinguido por ser natos promotores;  saben lanzar la red al proponer la vocación a los adolescentes y jóvenes, manteniendo vivo un compromiso. Otros nos pueden sino desentenderse de esta labor y casi nunca se acuerdan de ello, poco piensan con esperanza el futuro de la Diócesis y muchas veces sólo consideran el presente, al creer que siempre estaremos en tal o cual parroquia, hasta que llega el día de tener que soltarla o dejarla, llegar a la banca y no pensar en quién asumirá nuestro relevo.

Recientemente, en la diócesis norteña de Saltillo se realizó la ordenación numerosa de diáconos permanentes que asumirán el cargo de administrar parroquias, por la escasez de sacerdotes. Ciertamente, un diácono puede administrar una parroquia pues su ministerio fundacional era administrar los bienes y atender a los pobres; sin embargo, no le es propio el desempeño del ministerio de sacerdote y pastor. Qué bueno fuera que cada parroquia tuviera su diácono permanente que entre sus encomiendas ayudara en la administración de bienes y formara parte de un equipo mayor, donde estuviera al frente del cuidado pastoral de un sacerdote. No podemos imaginarnos el prescindir de los sacerdotes.

El pasado fin de semana (31 de agosto y 1 de septiembre), como una manera de introducir a los seminaristas a este apostolado, se realizó un pequeño curso acerca de la PV. Contamos con el apoyo del CEDVOC Zamora, de la Pastoral Juvenil diocesana y de un matrimonio de psicólogos que colaboran con la PV del Seminario. Fue un curso muy interesante, por lo que agradecemos a quienes colaboraron. Deseamos ir edificando la cultura vocacional y seguir animando a los seminaristas a ponerse la playera de promotores vocacionales.