La empatía es la experiencia de la consciencia externa en general. Solo puedes entender a la gente si las sientes en ti mismo. John Steinbeck.

El concepto de empatía ha sido objeto de reflexión desde tiempos inmemoriales; de toda su trayectoria, posiblemente éste sea el momento histórico en el que goza de mayor prestigio, y a pesar de ello, existe aún, en algunos ámbitos profesionales, cierto rechazo a toda actitud que lleve a hacer patente cualquier tipo de sentimiento, entendiéndolo como poco profesional y nada eficiente. Dichas formas de pensamiento obedecen, entre otras causas, a reminiscencias heredadas del pasado.

La empatía se puede definir como la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de los demás, de ser consciente de las emociones, experiencias y perspectivas de otras personas. Es una de las habilidades más importantes que puedes practicar en la vida. Es crucial para nuestro desarrollo personal y para la sociedad en general. Necesitamos empatía para formar relaciones armoniosas, minimizar el estrés y mejorar la inteligencia emocional.

Para llegar a entender en su total dimensión el concepto de empatía, se hace necesario comprender la esencial importancia que tiene para los seres humanos relacionarse entre sí. La gran mayoría de las personas que acuden a solicitar ayuda por un malestar psíquico, traen como base el fracaso relacional. Cuando reiteradamente nuestras relaciones significativas no satisfacen nuestras necesidades relacionales básicas, surge el malestar. Para el ser humano, por su instinto gregario, la ausencia de relación, en sí misma constituye un maltrato y hace daño. Testimonio de ello son los terribles casos de bebés recogidos en orfanatos, en los que la ausencia de contacto físico era total y el escaso índice de supervivencia que llegaban a alcanzar.

La relación con los demás es NUTRICIA, ESTIMULANTE Y REPARADORA. Responder al otro y que el otro nos responda, nos permite descubrir quiénes somos, qué queremos, cómo nos sentimos y qué pensamos. Por poner de manifiesto hasta qué punto es fundamental la relación, muchos psicoterapeutas humanistas consideran que no son los acontecimientos traumáticos los que dejan secuelas psíquicas, sino los que no son sanados a través de la relación.

Decir que la empatía es básica para la autoestima, seguramente para muchos es decir lo obvio y sin embargo, estudios recientes sobre estilos comunicativos revelan que el estilo empático es el percibido como el más complejo y el menos mantenido por el ayudante en la relación terapéutica. La empatía es una actitud. Como toda actitud, tiene su dimensión cognitiva, su dimensión afectiva y su dimensión conductual, es decir, afecta al empeño por comprender la experiencia ajena, al compromiso del corazón por vibrar con el sufrimiento ajeno y a la salida de nosotros mismos mediante la escucha y nuestra respuesta comprensiva.

La empatía no es una característica de nuestros genes. Como aptitud, se cultiva. Es el arte de meterse en el mundo del otro, caminar con sus zapatos, vibrar con su sufrimiento y aprender a separarse sin quemarse en el intento. Es una clave relacional que construye y aumenta las posibilidades de ser fármaco relacional para las personas que se relacionan con otros que sufren. Cultivar la empatía es salir de uno mismo para acoger hospitalariamente la realidad, el sufrimiento y las preocupaciones del otro. Ser empáticos no es ser simpáticos. Es más. Ser empáticos no es generar “feeling” y buena relación espontánea; tampoco, que me caiga bien el otro. Ser empáticos es acoger y comprender al otro, me caiga como me caiga. La decisión de ser empáticos es una decisión de salud terapéutica y de salud relacional, que compromete el proceso de aprender a escuchar, a acoger y responder de manera comprensiva.

La empatía es una clave de salud relacional: “Cuando la persona se da cuenta de que se le ha oído en profundidad, se le humedecen los ojos, como si un prisionero encerrado en una mazmorra -o un sepultado vivo- consiguiera por fin comunicarse con el exterior. Simplemente, eso le basta para liberarse de su aislamiento. Acaba de convertirse de nuevo en un ser humano».

Fuente: JC Bermejo.