El año nuevo comienza con muchas celebraciones que son una continuación de las de diciembre: puente Guadalupe-Reyes se ha llamado a este largo tiempo semi vacacional o lleno de distracciones. Más bullicio y ruido, mayor número de coches circulando por las carreteras y la ciudad y demasiados cohetones, que siguen siendo expresión de fiesta, apreciados por muchas personas y molestos, cada vez más, para un número creciente.

Litúrgicamente, el año lo iniciamos con la celebración de la Maternidad Divina de María. A ella le pedimos: “Ven con nosotros a caminar”. Mientras recorremos la vida, queremos que nunca nos falte su compañía al atravesar, como le decimos en la Salve, la oración más conocida dedicada a ella -después del Ave María, por supuesto-, este valle de lágrimas, gimiendo y llorando. Acompañados de la Virgen, que siempre está junto a su hijo Jesús, también tendremos alegrías. 

Otra celebración es la Jornada Mundial de la Paz, instituida por el Papa san Paulo V1 en 1968. En el mundo siempre hay conflictos entre naciones y grupos, familiares y personales. Ese día pensamos sobre todo en los primeros. La Santa Sede anunció que la 52 Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1 de enero de 2019, tendrá por tema “La buena política está al servicio de la paz”. 

¡Qué importancia tiene una buena política para cada pueblo en particular y como miembro de la comunidad internacional! En este mundo tan intercomunicado, esto es más evidente. Lo que sucede en cualquier país, por remoto que se encuentre, tiene repercusión en todos. En ese sentido, las grandes potencias económicas y políticas tienen mayor responsabilidad. Es, por tanto, obsoleta una doctrina como la que defendió México, aunque con muchas excepciones e incongruencias, de la no intervención y la determinación de los pueblos. La soberanía de un pueblo, como la libertad individual, tiene límites. Eso de la no intervención puede ser inmoral en muchos casos. Se puede faltar a la solidaridad, a la fraternidad y a la caridad, de no hacerlo. Un ejemplo de la vida cotidiana: si veo que alguien se está ahogando, sea porque él se tiró al agua o porque alguien lo haya aventado, si puedo, tengo la obligación de prestarle ayuda personal o pedirla a quien lo pueda hacer. Sería inhumano no intervenir y lavarse las manos, con el argumento de que no fui yo el que lo empujó y disculparse, diciendo: la culpa la tuvo él porque lo quiso hacer, porque no tomó precauciones u otros motivos. 

Una de las novedades del nuevo gobierno de México, cuyo titular es el presidente López Obrador, es revivir esta doctrina pasada de moda, que no tiene justificación. Intervenir para hacer el bien, no para dañar, lo debe hacer toda persona y todo país. Es una obligación moral. La compasión es uno de los más bellos sentimientos humanos: “sufrir con” y solidarizarse con él. Un nuevo año civil es otro acontecimiento del 1 de enero. Siempre hay muchas interrogantes: ¿Cómo será? Siempre hay que dejar un lugar a la esperanza humana y, sobre todo, a la cristiana. Si los hombres fallamos, Dios no nos abandonará, aunque lleguemos a pensar en ciertas situaciones que puede hacerlo.

Pbro. Jesús Ruíz Ochoa