Con tristeza vemos que sobre el tema de la entrada de migrantes a nuestro país, principalmente por la violencia que se está viviendo y la pobreza, las posiciones se radicalizan, porque la mayoría no está de acuerdo en la manera como se ha venido dando y cómo hemos llegado a cifras tan altas, desde octubre del año pasado al presente mes de mayo, 7 meses después de la primera caravana:  ¿Cómo es que México, que fue por años uno de los líderes de la migración planetaria, tiene habitantes que parecen entender tan poco de lo que significa migrar y repiten con los centroamericanos, sin saber, o peor, a sabiendas, el discurso de desprecio y las mentiras que son arrojados en su contra en otras geografías? ¿Cómo puede ser México un país que se posiciona contra la migración, si tiene millones fuera, por la falta de oportunidades aquí mismo? En Estados Unidos viven alrededor de 12 millones de mexicanos, y cerca de 36 millones de personas son identificadas como “de origen mexicano”. ¿De verdad estamos en contra? ¿De ser así, por qué lo estamos? ¿Piensan los mexicanos que Trump, en el fondo, tiene razón?

El endurecimiento de las posturas en contra de la migración es noticia diaria. Las escenas de familias separadas y niños metidos en jaulas en la frontera Sur estadounidense, han llegado al hartazgo, pero estas salvajadas, teóricamente justificadas por la “seguridad nacional”, no han dejado de suceder. Una ola política antimigrante, encarnada en rostros y movimientos concretos: el ya citado presidente Donald Trump, el vice primer ministro italiano Matteo Salvini, partidos xenófobos como la AFD alemana, Vox en España y la Agrupación Nacional en Francia (el nuevo nombre del viejo FN de Le Pen), persiste. El discurso de todos es muy similar: los migrantes se aprovechan de los países que los reciben, explotan sus ayudas sociales, les “ganan” los trabajos a los nativos, llevan consigo formas de ser y pensar “ajenas” y “peligrosas” y, desde luego, los migrante son en su mayoría delincuentes que provocan caos y violencia y agreden a los ingenuos anfitriones, en la primera oportunidad.

Es importante de decir es que esta postura está llena de agujeros y falsedades. Por un lado, cualquier estadística económica seria aclara y dice muy puntualmente que los beneficios que dejan los migrantes exceden notoriamente el dinero que cuesta recibirlos, y por otro, a pesar de los episodios de crimen y violencia relacionados con la migración, la balanza general indica lo contrario a lo que los difamadores afirman: son los migrantes quienes suelen ser víctimas de delitos, antes de cometerlos, y quienes suelen convertirse en blanco de los grupos criminales locales, antes de formar los suyos. La xenofobia, por otro lado, no es nueva, peto ¿qué perjuicio generalizado ha causado la migración mexicana a EU o las migraciones extranjeras a México y América? Ninguno demostrable más allá de la anécdota individual.

En cambio, los beneficios económicos, culturales y vitales están fuera de discusión. Qué importante resulta que nos asomemos al tema, para verlo de manera que nos permita reflexionar antes de criminalizar. La migración no se va a detener con insultos ni deportaciones, mucho menos con la fuerza de la policía. Todos venimos de la migración o, por qué no decirlo, podríamos ir hacia ella. No se trata de un problema que debemos combatir, sino de  un fenómeno para entender, pero ¿lo entendemos?

“En la migración, también somos familia”.