Por: Lic. Juan Carlos Ayala

Existe un grupo especial de emigrados que no llegan a los EEUU por su propia voluntad, sino que son llevados por sus padres cuando todavía son menores de edad. Una vez en los EEUU, niños que son, se adaptan fácilmente al idioma y al estilo de vida de los estadounidenses, a tal grado que llegan a hablar el idioma inglés mejor que el español. Más aún, crecen con una identidad norteamericana más arraigada que la mexicana que dejaron atrás; sin embargo, legalmente siguen siendo indocumentados.

La gente en los Estados Unidos los apodó DREAMERS, “soñadores”. Con la finalidad de ayudar a regularizar el estado migratorio de estos jóvenes, desde el 2001, algunos legisladores introdujeron el Programa DREAM (Development, Relief, and Education for Alien Minors: Desarrollo, Apoyo, y Educación Para Menores Indocumentados), pero hasta la fecha los legisladores en favor del programa no han logrado su aprobación completa en el Congreso. El programa se ha incluso introducido en formas diferentes. Por lo de sus siglas en inglés: DREAM, que significa soñar, la gente comenzó a darles a estos menores el apodo de dreamers o “soñadores”.

Algunos estados de la Unión Americana apoyan más que a otros a estos jóvenes, facilitándoles la oportunidad de estudiar una carrera universitaria; hoy en día hay muchos de estos jóvenes con una formación académica sólida. También en el gobierno federal, los políticos del Partido Demócrata han hecho el intento por ayudarlos más eficazmente. En el 2012, el Presidente Obama -ante la ausencia de una amnistía y viendo que el Programa DREAM no se aprobaba- implementó su propio programa de apoyo para estos indocumentados; lo llamó DACA (Deferred Acción for Childhood Arrivals: Acción diferida para quienes vienen durante su niñez).

En la práctica, los jóvenes que solicitan entrar en el Programa DACA no pueden ser deportados y pueden obtener empleo lícito, pero siguen soñando con legalizar su situación migratoria, esperando que algún día se les apruebe la posibilidad de adquirir su residencia permanente. Los requisitos de DACA son solamente: haber entrado a los EEUU antes de cumplir los 16 años de edad; haber vivido en el país continuamente, desde junio del 2007; haber terminado la preparatoria o haberse enlistado en el ejército, y no tener récord criminal. Desde el 2012, estos jóvenes renuevan su solicitud cada 2 años, para permanecer en el Programa DACA, pero no han logrado legalizar su situación migratoria. Hasta ahora, más de 826,000 jóvenes han sido aprobados para entrar al DACA. De los miembros activos de DACA en el 2020, el 80 por ciento son nacidos en México.

En general, la ciudadanía norteamericana, tanto republicana como demócrata, apoya a estos jóvenes y se declara a favor de que se les dé su residencia permanente. En un sondeo de la Fundación PEW, alrededor de 3 cuartos de la población estadounidense (74 %) está en favor de que a estos jóvenes se les dé la residencia permanente y se encaminen hacia la ciudadanía. No es el caso entre muchos políticos republicanos de algunos estados. En el Sureste de los EEUU, autoridades estatales de Arkansas, Kansas, Luisiana, Mississippi, Nebraska, Carolina del Sur y Virginia del Oeste están en contra del DACA. El presidente Trump, republicano, en el 2018 trató de eliminar el DACA, pero la Suprema Corte de la nación no se lo permitió. Desafortunadamente, un juez acaba de dar un revés al Programa DACA, al suspender las solicitudes de los jóvenes.

El 16 de junio del 2021, un juez de Texas declaró que DACA es ilegal y suspendió las solicitudes; solamente añadió que los que ya solicitaron pertenecer al programa, no serán deportados, y que no se les castigará. Ahora, estos jóvenes “soñadores” que esperaban algún día legalizarse, están muy desanimados. Los políticos opositores al DACA alegan que el presidente Obama, como miembro de la rama ejecutiva, no tenía el poder de poner en marcha sus propias normas legislativas, sin la aprobación del Congreso. Desgraciadamente, esta premisa es cierta. El presidente Obama debió haber enviado la iniciativa de ley al Congreso, para su aprobación, antes de implementar su programa. Como resultado, el futuro del DACA es muy incierto, y pasará mucho tiempo antes de que se resuelva aprobarlo o eliminarlo.

Durante todo este tiempo, los “soñadores” tendrán que vivir bajo la duda, la ansiedad, y el miedo. La fuerza política que respalda el programa DACA, encabezada por el presidente Biden, hará apelaciones a la Suprema Corte, ciertamente; pero será un proceso largo. Esperar que estos jóvenes se regularicen por medio de una amnistía, también sería muy largo, porque una nueva ley de amnistía ni siquiera se ha introducido en el Congreso. Afortunadamente, hay un rayo de esperanza para los “soñadores”, por parte del Programa DREAM.

En marzo 18 del 2021, la última versión de este programa fue ya aprobada por la Cámara de Representantes, que en la actualidad está compuesta en su mayoría por legisladores demócratas, y podría pasar pronto a votación en el Senado. Allí, la situación no es tan alentadora, ya que está dividido justo en 2 partes iguales, mitad demócratas y mitad republicanos. En caso de un empate, donde toda la mitad demócrata votara en favor del programa y la otra mitad en contra, le correspondería a la Vicepresidenta Harris decidir sobre el resultado, y ella votaría a favor del programa DREAM, porque lo apoya. Los legisladores demócratas, sin embargo, necesitan apresurarse e introducir el Programa DREAM a votación en el Senado, antes de que pierdan el número de senadores de su partido.

Mientras tanto, bien o mal, la vida de estos jóvenes “soñadores” sigue su curso. El tapiz social norteamericano se sigue tejiendo, entrelazando unas vidas con otras. Según estadísticas, alrededor de un cuarto de millón de niños que nacieron en los EEUU, tienen por lo menos un padre que pertenece a los jóvenes de DACA, y un millón y medio de estadounidenses, a lo largo del país, viven con uno de estos “soñadores”. Muchos “soñadores” ya hasta se casaron con ciudadanos estadounidenses. De aprobarse el Programa DREAM, casi 2 millones de jóvenes podrían legalizarse. Alrededor de un millón de ellos son nacidos en México.