Por: Lolis Padilla

Considerando que las celebraciones mundiales o internacionales nos permiten la posibilidad de reflexionar sobre algún tema importante, hago referencia, en esta ocasión, al Día Mundial de la Ética Médica, establecido en el 2003 por la Asociación Médica Mundial, en su Asamblea General 54, en Helsinki. Se escogió para ello el 18 de septiembre, por ser la fecha de creación de este organismo, en 1947, con el propósito central del abordaje de temas vinculados con la ética médica.

La emergencia sanitaria que vivimos nos ha hecho estar muy cerca de lo que ocurre en el mundo de la Medicina. Quienes ejercen esta profesión, nunca como ahora enfrentan verdaderos conflictos éticos en la desmesurada demanda de atención a los enfermos. En nuestro país, todo galeno realiza el juramento hipocrático, como principio en el ejercicio de su noble profesión. Para Hipócrates, la salud constituye el ajustamiento físico, psíquico y moral al orden corporal, y la labor de los médicos no es otra que “el bien y la salud de los enfermos”. Por ello, esta profesión se debe ejercer con ética.

La ética médica, como rama de la Ética general, consiste en un sistema de principios morales que rigen la práctica clínica y la investigación. El deber fundamental del médico es servir a la humanidad, atendiendo a pacientes, sin discriminación alguna: raza, sexo, edad, religión, género, nacionalidad, clase social, afiliación política, condición económica, situación legal o estado de salud.

También se obliga a garantizar la privacidad de los datos e información de sus pacientes, prevaleciendo en todo momento una comunicación fluida, cuyo fin es el restablecimiento de la salud de aquellos a quienes atiende. Los avances de la ciencia médica y el reconocimiento de los derechos humanos plantean verdaderos dilemas éticos que todo médico debe enfrentar, por mencionar algunos: la eutanasia, el aborto, la muerte asistida, o simplemente, en caso de saturación en el servicio por Covid, quién debe ser intubado.

Tengo la fortuna de la cercanía con médicos: primo, sobrinos y amigos que se han convertido en una verdadera cuadrilla de ángeles de la guarda, para mí y los míos; sé de sus angustias y miedos, de sus preocupaciones y las formas en que van enfrentando, desde distintas trincheras, los retos que el cuidado de la salud de los otros les implica, sobre todo en estos últimos 17 meses, así que por ellas y ellos, por todos los médicos y médicas, una oración, para que el Espíritu de Sabiduría guíe todas y cada una de sus decisiones y les permita actuar con ética.