Detrás de la conmemoración del 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, tiene detrás al menos 3 acontecimientos importantes, helos aquí.

El 8 de marzo de 1857 un grupo de mujeres que trabajaban en una fábrica textil llamada “Garment Workers” organizaron una huelga que se volvió histórica por ser de mujeres en reclamo de mejores salarios y salir de condiciones de trabajo inhumanas. La autoridad, mediante el uso de la policía, las detuvieron segando así el intento reivindicador.

Un segundo acontecimiento ocurrió el 8 de marzo de 1908, cuando 15,000 mujeres se manifestaron por calles de Nueva York exigiendo la disminución de horas de trabajo, mejores salarios, derecho al voto y el fin del trabajo infantil. Tampoco en esta ocasión hubo eco a esas exigencias.

Seguramente el más doloroso de los eventos que menciono y que son el antecedente de esta conmemoración ocurrió el 25 de marzo de 1911 cuando más de un centenar de mujeres trabajadoras de la fábrica de ropa “Triangle Shirtwaist” murieron en medio de un terrible incendio dadas las condiciones en las que laboraban sin seguridad alguna de su integridad.

Acontecimientos como estos consiguieron que en la conferencia internacional entre organizaciones socialistas en Copenhage se propusiera por Clara Zetkin un Día de la Mujer, comenzando el año siguiente a conmemorarse.

Por eso no puede ser que se recuerde con un abrazo, una flor o una invitación a comer o cenar. Es una conmemoración, no una celebración.

Celebrar es hacer fiesta con un motivo, conmemorar es hacer memoria, recordar.

Entonces ¿cómo celebrar si aún no tenemos una sociedad justa, condiciones de igualdad entre hombres y mujeres?

¿Cómo celebrar si una de cada dos mujeres ha sido víctima de algún acto violento?

¿Cómo celebrar si Michoacán sigue con una Alerta de género al menos en una docena de municipios y lejos de transformarse esta situación las cifras siguen aumentando?

¿Cómo celebrar si es creciente el número de mujeres que se vuelven jefas de familia solas?

¿Cómo celebrar si los índices de cáncer de mama o cervicouterino siguen creciendo por falta de atención oportuna para las mujeres?

Podría seguir enunciando muchos más datos, pero por ahora que baste con estos para dejar en claro por qué no es una celebración, sino una dolorosa conmemoración que nos recuerda a hombres y mujeres, a instituciones y autoridades, que aún hay muchas tareas pendientes si aspiramos a una sociedad justa y equitativa, digna de hijas de Papá Dios.

¡Conmemoración, que no celebración!

¡No me felicites… respétanos a todas!  

Dolores Padilla