Desde 1917 se ha dedicado el 15 de mayo en México, a reconocer una de las profesiones sustantivas en toda sociedad: la de ser maestro, en todos los niveles y modalidades educativas.

A través de la historia, el papel social que ha jugado el maestro en una comunidad, ha sido muy distinto. Campañas orquestadas durante el sexenio de Peña Nieto, desdibujaron su imagen, haciéndolo aparecer injustamente como el único responsable de todos los problemas de la educación.

En medio de esta contingencia mundial, el papel de los maestros y la escuela se ha reconfigurado, está redescubriendo su importancia, su necesidad vital en la socialización, es decir, la importancia del contacto con los otros para lograr la construcción de los saberes que cada sociedad demanda como básicos en las nuevas generaciones. Aquí, el maestro se vuelve a ser el mediador capaz de crear todas las situaciones en las que los estudiantes pueden aprender.

Viviendo la experiencia del resguardo en casa, queda claro que la tecnología no es suficiente, y que las condiciones reales de nuestros estudiantes, desde Preescolar hasta el nivel Superior, para su acceso y manejo, distan mucho de ser las mínimas suficientes para aprender lo que se espera. En la estrategia de la SEP “Aprende en casa”, quienes más hemos aprendido somos los maestros. De un día para otro, los que nunca habían utilizado los recursos tecnológicos, se vieron obligados a subirse a ese barco. Quienes ya tenemos tiempo trabajando en la “educación a distancia”, también hemos tenido que explorar nuevos y diversos recursos, aunque lo que está pasando, en el fondo, es trasladar los mismos modelos de la educación presencial a un formato más o menos virtual, sin entender su lógica y esencia.

El aprendizaje ha sido intenso, porque también hemos abierto los ojos a muchas realidades de nuestros estudiantes, que ni imaginábamos.

Sé que el pasado viernes no hubo festejos, entrega de reconocimientos ni homenajes, pero quienes ejercemos el amado oficio de educar y hemos gastado la vida en la entrega a esta noble profesión, estamos siendo revalorados en cuanto a nuestra función social. Vaya, pues, mi reconocimiento a los colegas que han hecho de esta profesión, un verdadero apostolado, de manera especial a quienes como mis profesores, contribuyeron de manera significativa a mi formación, desde el Jardín de Niños hasta el Doctorado, porque buena parte de lo que hoy soy como persona y profesional de la educación, lo debo a muchos que me regalaron algo de sí mismos, durante el trayecto de mi camino hacia el magisterio. A ellos, mi gratitud eterna. ¡Felicidades a todos los maestros, especialmente a los que hoy abordan el barco de la virtualidad!