Con motivo de los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en mi anterior entrega listé los 17 de ellos que a mi parecer tienen la mayor importancia y siguen siendo tareas pendientes en México y el mundo. Me referiré sólo a 3 de ellos:  

El tercero se refiere a la vida, la libertad y la seguridad personales, ciertamente uno de los más vulnerados. En Michoacán, los índices de violencia son crecientes; en la Diócesis de Zamora y en su cabecera, los crímenes están a la orden del día. En charla entre amigos, a raíz de la muerte inexplicable de un joven profesor, conocido por su limpia trayectoria, se preguntó: ¿A quién podemos acudir?, a sabiendas de la corrupción de las autoridades y la enorme fuerza del crimen organizado, de manera que no hay gobierno que pueda asegurarnos el cumplimiento de este derecho, por lo que la recomendación es no meterse con nadie ni hablar de este tema con nadie y temerle hasta a nuestra propia sombra.

El número 5 hace alusión a no ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Seguramente, el crimen organizado, ha pasado por alto este derecho fundamental, pues la Declaración no señala a responsable alguno de esos malos tratos, sean las autoridades o sus congéneres, simplemente se limita a pedir respeto por la dignidad de las personas y a su integridad, entonces, ¿cómo explicar la crueldad hacia los que se supone tienen alguna cuenta pendiente con criminales? ¿Qué hacemos para que las nuevas generaciones recuperen el respeto por la dignidad e integridad de los demás?

El número 17 se refiere al derecho a niveles de vida que aseguren salud, bienestar, alimentación, vestido, vivienda, atención médica y servicios sociales a todo ser humano, desde que nace hasta que muere, en base a oportunidades de un trabajo lo suficientemente remunerado para que la familia goce de los satisfactores mínimos necesarios para vivir con dignidad, a cargo de gobiernos y particulares con posibilidad de generar fuentes de trabajo.

Los últimos gobiernos en nuestro país, han sido de tendencia neoliberal y lo que han logrado es enriquecer a muy pocos y empobrecer, en nuestro caso a más de la mitad de la población. Pareciera que la consigna es pocos extremadamente ricos y la gran mayoría sumidos en la pobreza que implica tener casi ningún satisfactor, acaso una exigua alimentación.

Así que luego de 70 años de la Declaración, no se ha dado cumplimiento a éstos y todos los demás derechos humanos en el mundo y en México, a pesar de que nuestro país firmó la aceptación del documento, que se ha quedado en el papel; sin embargo, yo considero que su cumplimiento no depende sólo de la autoridad, sino de todos los que la formamos, así que trabajemos todos por la equidad y la justicia, de manera que se haga realidad la vivencia de la “tierra prometida”, aquí y ahora, ¡con dignidad y respeto!

Ma. Dolores Padilla