Lineamientos para la Prevención del Alcoholismo en los Adolescentes

Muchos padres de familia se encuentran por momentos, desconcertados por no saber cómo actuar frente a la gran cantidad de riesgos psicosociales a los que sus hijos adolescentes se enfrentan diariamente. Otros desconocen las implicaciones o consecuencias de tales riesgos; algunos pueden pensar: “Sé que las drogas existen, pero mi hijo está preparado para enfrentar esto, y estoy seguro de que él no se volverá un adicto”; otros pueden pensar que su hijo es aún demasiado joven, porque tiene entre 10 y 11 años, por lo cual estos problemas habrá que plantearlos más adelante, cuando llegue a los 15 ó 16.

Otros padres de familia no tienen total conciencia de que experimentar inicialmente con drogas legales como el alcohol y el tabaco, ser agresivo o antisocial y tener un manejo inadecuado de la sexualidad y de los eventos negativos de la vida, así como los factores de estrés en la vida diaria, están correlacionados con la presencia y el desarrollo de alguna adicción a corto o mediano plazo. Hasta hace poco prevalecía la idea de que bastaba tener la información suficiente acerca del daño que las drogas ocasionan en el organismo, para que la población, tanto los padres de familia como los adolescentes, evitaram el consumo de alcohol y drogas. Desafortunadamente, la realidad presente desalienta esta información y permite concluir que la tenerla es sólo un pequeño componente de la prevención en el consumo de drogas; lo mismo pasa en el asunto de las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos en las adolescentes: un exceso de información, más no de formación.

La información, reforzada con otros componentes y un trabajo activo de concientización, puede ser de gran utilidad, siempre que esté centrada en los factores de riesgo y protección, así como difundir lo que funciona en la prevención, especialmente lo que protege y refuerza las normas a favor del desarrollo humano.

Existen aspectos poderosos para predecir el consumo de drogas en los adolescentes, aunque no se puede hablar de un factor aislado, más bien de variables de naturaleza social y conductual muy importantes para “normalizar” el consumo de drogas, es decir, hacerlo ver como algo cotidiano que no ocasiona mayor daño, por ejemplo, asistir constantemente a fiestas y reuniones en las que se consumen y/o distribuyen drogas y se presiona para que se consuman, con el fin de no estar fuera de lo que la mayoría de los adolescentes de hoy hacen: amigos cercanos que las consumen; también, cuando en la familia o la comunidad existan conductas antisociales y los hermanos o los padres son adictos a alguna droga.

Una de las claves es ayudar a nuestros hijos adolescentes a recuperar su sentido de identidad, es decir, de pertenencia como adolescentes y jóvenes creativos, más no como delincuentes, adictos, poco confiables, temerarios o cínicos, que es la imagen que los medios popularizan. Después de todo, aún existen muchos jóvenes y adolescentes que no consumen drogas o alcohol y que no muestran conductas de riesgo. Como en otros casos, no se puede satanizar la presencia de bebidas alcohólicas; tampoco es posible que se evite su oferta y comercialización. Lo que se puede es formarlos en el uso y no en el abuso, iniciando con el propio testimonio.