En los primeros cien días del presente régimen se ha venido presentando un recurrente abucheo contra los mandatarios estatales -con excepción de los morenistas (lo cual no deja de causar suspicacia)-, en las visitas del primer mandatario Manuel López Obrador a las diferentes entidades federativas gobernadas por la oposición. Según parece, la tradicional cargada, otrora priísta, está en el ADN de la política a la mexicana. Sólo ha cambiado el color, no la esencia, por desgracia.

Un caso reciente de lo en el párrafo anterior consignado, tuvo lugar en la visita de AMLO al estado de Colima. Sin embargo, el gobernador José Ignacio Peralta no se amilanó. Mostró gallardía y enfrentó los estentóreos abucheos. Se ha subrayado que el gobernador priísta es el primero que ha enfrentado a los inconformes. Señala la crónica de El Universal: “El gobernador se quedó callado durante 4 minutos, pero previamente dijo: “Podemos dejar que se desahogue esta parte de lo que parece ser un protocolo en todas las entidades federativas, para que después de esas buenas prácticas parlamentarias, ¿me permitirán hacer uso de la voz?”. No obstante, los abucheos prosiguieron, aderezados con silbatinas e insultos de ejidatarios y maestros inconformes. El gobernador colimense dijo “¿Le van a seguir o ya terminaron?”. Instantes después, Peralta dijo con firmeza: “Desahogado el punto de la orden del día del abucheo, sigo entonces con mi mensaje” .Con todo, la multitud, como suele acontecer con quienes cobran inusitada valentía en el anonimato, arreció los abucheos. El gobernador, dirigiéndose al Primer Mandatario, acotó: “Señor Presidente, por supuesto que en esta pluralidad, no podemos ofrecer incondicionalidad; eso no sería digno; usted recibirá de nosotros un respaldo reflexivo y propositivo en los temas prioritarios para el país y para Colima”.

Quien esto escribe piensa que el muy elevado índice de popularidad del Presidente, de ninguna manera justifica los estentóreos abucheos, indignos de una ciudadanía democrática.