El cuidado y atención a los jóvenes, no es una tarea opcional para la Iglesia, sino parte esencial de su vocación y misión. Ésta es la raíz del contexto específico del próximo Sínodo: Como el Señor Jesús caminó con los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35), la Iglesia también está invitada a acompañar a los jóvenes, sin excluir a nadie de la alegría del amor. Los jóvenes pueden, con su presencia y palabra, ayudar a la Iglesia a rejuvenecer su rostro. Es una invitación a buscar nuevos caminos y seguir con valentía y confianza, fijos los ojos en Jesús, al Espíritu Santo y a su Iglesia, "que acompaña a los jóvenes en su camino de discernimiento vocacional en este “cambio de era".

En el discernimiento reconocemos una manera de estar en el mundo, un estilo, una actitud fundamental y al mismo tiempo un método de trabajo, un camino a tomar juntos, que consiste en observar las dinámicas sociales y culturales en las que estamos inmersos, con la mirada del discípulo. El discernimiento conduce a reconocer y estar en sintonía con la acción del Espíritu, en auténtica obediencia espiritual. De esta manera se convierte en apertura a la novedad, coraje para salir y resistencia a la tentación de reducir lo nuevo a lo ya conocido.

El discernimiento es una actitud auténticamente espiritual, la obediencia al Espíritu y el discernimiento se convierten en impulsos propulsores de la acción y la fidelidad creativa a la misión confiada a la Iglesia; el discernimiento es instrumento pastoral capaz de detectar caminos confiables y habitables que se ofrecen a los jóvenes de hoy, con directrices y sugerencias para la misión, como resultado de un proceso que les permite seguir al Espíritu. Tal camino nos invita a abrir y no cerrar, a hacer preguntas y provocar otras, sin sugerir respuestas ni acudir a las ya preestablecidas, sino a imaginar alternativas y explorar oportunidades.

Acompañar y ayudar en el camino del discernimiento es la pauta que se ofrecerá a las nuevas generaciones, con la intención de que no se pierdan en un mundo lleno de ofertas morales vacías y religiosas sin encuentro con Cristo y sólo sentimentales.