Sin duda alguna que el mes de diciembre se caracteriza por ser un mosaico de colores, ya que trae consigo una gran cantidad de eventos y acontecimientos que provocan alegrías y encuentros. No es raro pasar por diferentes lugares y ver muchas luces y adornos que hablan del espíritu de la Navidad. Las fiestas y tradiciones varían de acuerdo al lugar. Hay también celebraciones que no tienen nada que ver con el espíritu cristiano y que se organizan en escuelas y centros de trabajo, con el solo motivo de intercambiar y pasar el rato, aunque en el fondo no se sepa lo que se está celebrando.

Para muchas personas, en especial los jóvenes, la Navidad ha perdido gran parte de su vínculo con la religión, pues los cambios que ha sufrido la humanidad, en las últimas décadas, han generado nuevas percepciones, y la Navidad no ha sido ajena a esas transformaciones.

Con la llegada de las nuevas tecnologías, las actuales generaciones han venido teniendo una visión diferente del mundo y de la religión; al parecer, la única de las tradiciones que sobrevive con fervor entre los jóvenes es la de entregar regalos, dando con ello lugar a una celebración consumista, debido a la idea de la sociedad de consumo que a diario se nos vende en todos los medios de comunicación, dejando de lado el aspecto religioso de la Navidad.

Por otro lado, también hay jóvenes y adolescentes que viven la Navidad con verdadero espíritu religioso y de compromiso con Dios. Ante esto, surge la pregunta ¿Qué debería significar la Navidad para los jóvenes de hoy? Me atrevo a decir lo siguiente: la Navidad debe resaltar el tiempo de esperanza. Es cierto que hay grandes signos de desesperanza ente nosotros: la naturaleza nos ha cobrado un alto costo por el deterioro ecológico, las escenas de saqueo, robo y violencia, la falta de oportunidades, la injusticia y la corrupción, a veces son fuertes motivo de desesperanza; sin embargo, es ahí donde los jóvenes deben levantar la mano y hacer acto de presencia. Yo en lo particular veo que en esta Navidad muchos jóvenes y adolescentes son motivo de esperanza para el mundo que los rodea,  pues percibo su afán por hacer el bien, palpo el optimismo de muchos de ellos por sobrevivir en medio de las tragedias; un signo fuerte de esperanza que percibo en ellos es la manifestación de solidaridad ante los que sufren. La honestidad, el deseo de querer ser mejores, el deseo de superarse y trabajar con entusiasmo, son signos de esperanza que contagian el ambiente para construir un mundo mejor. Sobre todo, creo que algunos entienden que el mejor modo de celebrar la Navidad, más allá de lo festivo, es hacer viva la presencia del Señor Jesús en todos los lugares donde se desenvuelven ordinariamente. Ésta considero que debería ser la tarea primordial del joven de hoy, en este tiempo de Navidad: que su vida sea una manifestación de que han dejado que Cristo vivo transforme su vida; de que el espíritu navideño se encarne en todo su ser y quehacer, para así mostrar al mundo la presencia del Señor Jesús entre nosotros.

Invito a todos los jóvenes y adolescentes a vivir la Navidad con verdadero espíritu cristiano, para que puedan ser, en medio de la sociedad y el mundo que los rodea, verdaderos signos de esperanza. Les dejo para la reflexión, la siguiente pregunta: ¿Cómo vivir la Navidad y qué compromisos hacer?