Frente a tantas contradicciones de la sociedad, muchos jóvenes desean aportar sus talentos, competencias y creatividad, y están dispuestos a asumir grandes responsabilidades. Entre los temas que más les preocupan e interesan, están la sostenibilidad social y medioambiental, las discriminaciones y el racismo. Su compromiso, muchas veces sigue enfoques inéditos, aprovechando las potencialidades de la comunicación digital en términos de movilización y presión política; la difusión de estilos de vida y modelos de consumo e inversión críticos, solidarios y atentos al medio ambiente; nuevas formas de compromiso y participación en la sociedad y en la política, y otras modalidades de asistencia social, como garantía para las personas más débiles.

En el Sínodo se examinó a conciencia que un número consistente de jóvenes, por razones distintas, no piden nada a la Iglesia, porque no la consideran significativa para su existencia. Algunos, incluso, piden expresamente que se les deje en paz, ya que sienten su presencia como molesta y hasta irritante. Esta petición no nace de un desprecio acrítico e impulsivo, sino que hunde sus raíces en razones serias y comprensibles: los escándalos sexuales y económicos; la falta de preparación de los ministros ordenados que no saben captar adecuadamente la sensibilidad de los jóvenes; el poco cuidado en la preparación de la homilía y explicación de la Palabra de Dios; el papel pasivo asignado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana, y la dificultad de la Iglesia para dar razón de sus posiciones doctrinales y éticas a la sociedad contemporánea.

Los jóvenes católicos no son sólo destinatarios de la acción pastoral, sino miembros vivos del cuerpo eclesial, bautizados donde vive y actúa el Espíritu del Señor. Contribuyen a enriquecer lo que la Iglesia es y no sólo lo que hace; son su presente, y no sólo su futuro. Son protagonistas en muchas actividades eclesiales, en las que prestan generosamente su servicio, en particular en la animación de la Catequesis y la Liturgia, el cuidado de los más pequeños y el voluntariado con los pobres. Movimientos, asociaciones y congregaciones religiosas ofrecen a los jóvenes, oportunidades de compromiso y responsabilidad. En ocasiones, la disponibilidad de los jóvenes encuentra con un cierto autoritarismo y la desconfianza de adultos y pastores, que no reconocen suficientemente su creatividad y a los que cuesta trabajo compartir responsabilidades.

El protagonismo de los jóvenes es fundamental, partiendo de rasgos fundamentales en el campo de la formación humana, espiritual y pastoral y en el ámbito de su inserción en el campo de la política, la sociedad y la ciencia. Truncar su desarrollo es matar las ilusiones y compromisos con los que pueden ayudar a la Iglesia en el camino de los valores del Reino de los Cielos.