Continuamos con la narrativa de la historia, eventos y circunstancias en la vida de nuestro joven mártir:

Adolescente fuerte y vivo. Es de suponerse que sus 2 hermanos mayores Macario y Miguel ingresaran a la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), ya que al primer clarinazo, al estallar la Cristiada, que envolvió a gran parte de Jalisco, Colima, Guanajuato y Michoacán, y en menor escala a otros estados de la República, de inmediato los 2 se alistaron en las filas de la defensa de la libertad religiosa, bajo el mando del general Ignacio Sánchez Ramírez, quien comandaba las fuerzas cristeras de la región Sahuayo.

José no tenía la edad suficiente para seguir el camino de sus hermanos mayores, pero con gran empeño estuvo solicitando que se le admitiera, a pesar de los consejos paternos que le hacían ver la poca utilidad que podían tener para la causa, las acciones de un niño de poco más de 13 años de edad.

Se puede decir que en Sahuayo, el movimiento cristero tuvo buena acogida por todos los habitantes, hasta por los indiferentes. Abiertamente, los que se manifestaban contrarios no llegaban a 50, pero eran las autoridades municipales. Los ricos, ocultamente ayudaban con aportaciones de dinero y armas, aunque aparentaban ser gobiernistas. En Sahuayo, la Cristiada fue una guerra popular. En todas las familias había alguno con las armas en las manos o era correo y repartidor de escritos cristeros, cuyo propósito era prestar toda la ayuda posible a la causa, y lo hacían con alegría. Los sacerdotes, ocultamente también, daban los auxilios espirituales a los fieles. Andaban escondidos de casa en casa, con el peligro de ser fusilados, pero estuvieron siempre con la grey.

En Guadalajara y en toda la región, el celo cristiano del Lic. Anacleto González Flores, activo miembro y líder de la ACJM, así como su cruel asesinato, el 1 de abril de 1927, fueron motivos de gran duelo para todo el pueblo; el hecho doloroso afianzó a José en su anhelo de dar su vida por defender la fe que le habían inculcado sus padres, por lo que durante una peregrinación que hizo a la tumba de Anacleto, pidió por su intercesión la gracia del martirio. A partir de ese momento, su resolución fue firme y con más insistencia se propuso solicitar su admisión en las filas cristeras. A pesar de verlo tan resuelto, su madre se oponía, porque lo veía todavía muy pequeño, pero José le respondió, con gran sencillez: “Mamá, nunca como ahora es tan fácil ganarnos el cielo”. De nada valieron las razones que le daban para que desistiera de su empeño. José siguió escribiendo, para solicitar su admisión, a algunos jefes cristeros. Nada en contra logró hacer mella en él; al contrario, parecía que cada dificultad que le presentaban, le daba más tenacidad para insistir en su deseo… hasta que venció al amor paterno y le dieron la bendición.