Luis Carlos Ugalde, ex consejero presidente del IFE -ahora INE-, analista político lúcido que manifiesta sensatez y prudencia en sus juicios, en un artículo interesante para quien esto escribe, ha señalado 4 riesgos del nuevo gobierno. Resumiendo: 

El primero es el reformismo sin prioridades: todos los días, López Obrador anuncia proyectos y programas, muchos de ellos vagos, sin estudios técnicos, sociales o financieros que los respalden, y sin tener en cuenta los recursos limitados: de tiempo, dinero y apoyo social. Olvida el sabio dicho popular: el que mucho abarca, aprieta poco.

El segundo, derivado del anterior, es el desbalance presupuestario: no alcanza para todo.  Integralia Consultores –de la que es presidente Ugalde-, estima que aun con un reajuste al gasto y lo que se obtenga del combate a la corrupción y programas de austeridad, no alcanzaría. El presidente electo asegura que podría conseguir hasta 500 mil millones, cifra inverosímil ahora, que no serían suficientes para cumplir con todas sus promesas. Para eso se necesitaría tener no menos de 800 mil millones de pesos disponibles, sólo para el primer año de su gobierno. La falta de recursos se puede afrontar si se depura la lista de programas o proyectos anunciados o si su implementación es gradual. Sin embargo, siempre hay la presión de dar respuesta a los votantes: si eso ocurriese -si hubiese protestas o críticas de que el nuevo gobierno no está cumpliendo-, podría darse la tentación del endeudamiento o de nuevos impuestos.

El tercer riesgo es la ruptura de los contrapesos que caracteriza a una república con división de poderes. El reformismo y la prisa por llevar a la práctica la cuarta transformación, pueden implicar avasallar la discusión en el Congreso. El poder legislativo requiere de tiempo para evaluar y debatir las propuestas del Presidente. Podrá decirse que la oposición quiere impedirlo todo y de esa forma justificar lo que antes, los opositores al PRI llamaban el “mayoriteo”. De hecho, es lo que muy pronto está haciendo MORENA, hasta por una especie de revancha. ¿Pues no que iban a ser diferentes?

El cuarto riesgo es el centralismo, que es una amenaza para el pacto federal y tiene efectos negativos, como: la lentitud y obstáculos para las compras del gobierno federal y de los estatales, a través de delegados estatales que trabajarán para el Presidente. Ese centralismo sería fruto de la prisa por hacer las cosas y las tradicionales dilaciones del federalismo. Pensándolo bien, quizá las medidas centralizadoras son una manera de querer dar resultados rápidos a la población y de la desconfianza en los gobernadores de otros partidos o una manifestación de autoritarismo, del que AMLO ha dado sobradas muestras y del que está contagiando a sus colaboradores, futuros funcionarios y legisladores de su partido.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad de realizar una transformación, no del tamaño que pretende o con la que sueña el Presidente electo. Tiene la ventaja de que será un sexenio más largo, porque antes de iniciarlo formalmente, ya ha tomado las riendas.  López Obrador tomará protesta, con una mesa parcialmente puesta: con varias reformas legislativas aprobadas. Esto no les ha sucedido a otros presidentes. Aquí, la mayoría de MORENA y la disposición del Presidente todavía en funciones, están ayudando para que muchas reformas se realicen antes del 1 de diciembre, por eso el principal riesgo para AMLO es que se tropiece él mismo en su afán de correr muy aprisa.

Pbro. Jesús Ruíz Ochoa