Los tiempos de la Navidad son los tiempos de la familia. Afortunadamente aún conservamos como algo muy importante el hecho de reunirnos en familia y compartir las alegrías y las tristezas, los deseos, las ilusiones y hasta los fracasos. Y lo hacemos en torno a la mesa y a los alimentos que la Providencia nos da como muestra de su amor y preocupación. No es casualidad, pues varios estudios han demostrado la importancia que tiene y los beneficios que trae para la vida de las personas y para la misma dinámica familiar el comer en familia. Sólo para enumerar algunos beneficios: Cuando los miembros de la familia comen todos juntos de manera regular mejora el rendimiento académico de los hijos, mejora la relación familiar, se previene el consumo de drogas y se reduce el riesgo de depresión. Así lo relata la fundadora de un interesantísimo proyecto llamado Family Dinner Project (Proyecto cena familiar) Anne Fishel, psicóloga, investigadora y profesora en Harvard University. Desde hace 20 años, Fishel ha impulsado este proyecto consciente de que el encuentro de la familia en torno a la mesa, compartiendo el pan y la sal se convierte en un espacio privilegiado de encuentro, de intimidad que terminan por fortalecer los lazos familiares. Explica - entrevistada por Jill Anderson - que los beneficios de cenar en familia son enormes, y además están ratificados por la ciencia. "Es un hábito excelente para la salud física y mental, el rendimiento académico y en términos de nutrición", afirma. "También se asocian con tasas más bajas de depresión, ansiedad, abuso de sustancias, menos embarazos tempranos en las adolescencias, mejor autoestima", añade. Otro de los beneficios importantes es que fortalece el matrimonio: "Incluso a los nuevos padres, un grupo de personas especialmente estresado. Cuando estáis agotado por cuidar a los pequeños, es más probable que comer juntos ayude a tu relación que la perjudique". Desde luego que, como buena investigadora, ha comprobado todos estos dichos. Para ello, Family Dinner Project organiza cenas comunitarias con familias en centros y escuelas. Tras el evento y su puesta en práctica en los hogares, el equipo del programa hace un seguimiento y documenta los resultados, consejos y prácticas. Muchas de estas experiencias las ha documento en un libro titulado: “Eat, Laugh, Talk, The Family Dinner Playbook (Come, ríe y habla: el divertido libro de las cenas en familia). Miles de personas se han visto beneficiadas con este proyecto porque han puesto en práctica sus consejos y más de 2 millones de personas desarrollan sus ideas a través de la web.

Anne Fishel cuenta con una página de internet interactiva en donde da consejos prácticos para la comida en familia que van desde recetas, temas de conversación, hasta actividades divertidas que se pueden hacer en torno a la mesa. Resulta muy interesante que la propuesta de la autora no es la de un idealismo romántico, no son los típicos consejos de revista barata. Así, Fishel recuerda que para un buen encuentro en familia no tiene que ser perfecta, no se trata de sofisticación culinaria ni de una agenda de momentos marcados, sino de espontaneidad, de provocar el diálogo, de comenzar por lo ordinario y poco a poco ir profundizando en los sentimientos y vivencias de cada familia. Tampoco es necesario que estén todos, los que están son suficientes, pero si ir provocando que poco a poco, si no se tiene el hábito, los hijos se vayan sumando, sabiendo que ese es el espacio en el que podrán encontrar un momento para compartir y fortalecer los lazos con los suyos. En estos tiempos de familia, recuperemos estos espacios de encuentro, de familia, como los es, la hora de la comida.