Una de las muchas preocupaciones de la sociedad mexicana tan convulsionada por muchos acontecimientos que flagelan la dignidad humana, es el tema de la inseguridad y violencia en nuestro país. Son muchas las noticias que día a día ya no sólo en los medios de comunicación se expresan, sino también nuestra comunidad es testigo principal de sucesos lamentables y tristes. En el 2010, los obispos mexicanos, en la Exhortación Apostólica “Que en Cristo, nuestra paz, México tenga vida digna·, nos comparten su discernimiento sobre la misión de la Iglesia en la realidad de inseguridad y violencia que se vive en México. Nos comparten que la violencia tiene sus raíces en los diferentes ámbitos que la persona vive a nivel relacional, y su expresión principal es el fenómeno de la corrupción y la impunidad que en México se vive. Ante esta situación, la propuesta de nuestros pastores es la de ver la violencia como un problema de salud pública, donde todos los actores sociales: las personas, las familias y las instituciones públicas y privadas somos corresponsables para salir de esta situación. Son 3 los factores urgentes a intervenir: la crisis de legalidad, la crisis de moralidad y el debilitamiento del tejido social.

Ante esta situación, la Iglesia mexicana, desde su comisión episcopal de Pastoral Social, conforma y reestructura en el 2008, la dimensión de Justicia, Paz, Reconciliación, Fe y Política, la cual tiene como misión: Contribuir la construcción de una sociedad más justa y solidaria, promotora de los derechos humanos, que promueva la resolución pacifica de conflictos con una mirada Evangélica y desde la Doctrina Social de la Iglesia. En nuestra Diócesis, desde el 2010 se ha animado, profundizado en el tema y difundido dicha exhortación apostólica en todas parroquias, a través de procesos locales de paz, acompañamiento parroquial, retiros, talleres, foros y marchas por la paz, que no han sido ajenas a esta grave situación social.

Nuestra Diócesis ha dado muestra de caridad cristiana y solidaridad, al acoger con la hospitalidad, la Eucaristía, la alimentación y el  acompañamiento a los Ceresos y Semefos, a los más de 200 padres que han venido con la esperanza de encontrar a su ser querido, lo mismo en noviembre del año pasado como en abril y hace unos días en mayo de este año, en la ciudades de Uruapan, Zamora, Los reyes y Sahuayo como signos esperanzadores para muchas familias en búsqueda. Tenemos claro que hace falta mucho más por hacer, sobre todo en informarnos para fortalecer la conciencia cristiana que nos permita realizar acciones concretas en una situación de la que, como se dijo antes, todos somos responsables, para serenar a nuestro país y obviamente dar bienestar desde un verdadero desarrollo de la calidad de las personas y no de la cosas.

Son 3 los componentes que esta dimensión a nivel diocesano plantea para abordar esta compleja situación: la atención a victimas de la violencia, la prevención y dignificación de la persona y la vinculación y proyección social que permita la vinculación de los diferentes actores sociales.

Luis Martin Cabezas Jauregui

Colaborador Diocesano de la Dimensión Fe y Compromiso Social