Austeridad

 

La decisión del Presidente Electo, en el sentido de encabezar un gobierno austero, ha sido bien vista en términos generales. La acción política entre nosotros, según parece, más que un servicio público con un innegable sentido social, para procurar una justicia más equitativa, se ha convertido en una forma segura y expedita de enriquecimiento personal.

Los salarios de funcionarios, legisladores, ministros de la Suprema Corte de Justicia, secretarios de Estado, gobernadores y un largo etcétera, están muy por encima de los de otros países con mejores condiciones económicas que el nuestro. En cambio, los salarios mínimos de la inmensa mayoría de los mexicanos son de verdadera miseria: con 88 pesos diarios apenas si se puede mitigar el hambre, particularmente de quienes tienen una familia que mantener.

En general, es laudable la propuesta de López Obrador en el sentido de que nadie perciba un salario superior al del Presidente de la República; naturalmente que, tal vez, individuos con una elevada calificación profesional, preferirán pasar al sector privado, en el que devengarán un salario sin duda superior.

Loable, también, la postura, a propósito de la austeridad, externada por el Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el sentido de que la Máxima Casa de Estudios está dispuesta a recortar gastos. Cada mes, la UNAM eroga 2 millones 523 mil 792 pesos, por concepto de nómina: “Estamos en la mejor disposición de recortar todos los gastos de gestión administrativa en donde pueda haber economías…”. El salario mensual del Rector es del orden de los 177 mil 868 pesos, de manera que quienes viven del erario público podrían seguir el ejemplo del Dr. Graue.