Una manifestación de que se ama a Dios es el trato que damos al prójimo. El Evangelio narra cómo un doctor de la ley le pregunta a Jesús sobre el más grande de los mandamientos. Le responde: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Dt 6:4 y Mt 22:37), y como consecuencia: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22:39). La vida de Jesús fue de servicio, y asistió a los necesitados espiritual y materialmente.   

A lo largo de la historia ha habido personajes preocupados por ayudar a la gente menos favorecida. Así surgen en el siglo XIX, las corrientes de los socialismos utópico y materialista, junto con el comunismo. Estas corrientes pretenden favorecer a las clases desprotegidas. Sin embargo, se basan en un erróneo concepto del ser humano. Aunque ofrezcan ideas sobre cómo servir a los desprotegidos, fomentan el odio hacia quienes poseen bienes. Esta postura, aunque parezca práctica, es equivocada. Los apóstoles también le preguntan a Jesús que cuándo restauraría el reino de Israel. Los zelotas pretendieron liberar a Israel de la opresión de los romanos, a través de la violencia. Jesús pretendía la liberación de manera diferente (Cfr. Lc 6:29-30). Por eso, muchos de sus seguidores lo abandonaron. Así ha sucedido a lo largo de la historia.

Son muchos los que desean ayudar a los necesitados, pero se dejan guiar por corrientes fáciles que han fracasado. El socialismo y el comunismo son tendencias violentas que impulsan a los hombres a verse como enemigos; son ideologías contrarias al Evangelio. El Papa León XIII, con su encíclica “Rerum Novarum” (sobre la cuestión obrera), expone los errores del socialismo y del comunismo. Los papas Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han favorecido a los necesitados, a través de organismos según los principios evangélicos (p. ej. Caritas y muchas otras organizaciones).  

Existen personajes, incluyendo religiosos, que quisieran resolver esta situación de pobreza de modo fácil y siguiendo doctrinas falsas y contrarias a los principios de Cristo. La revolución armada y la lucha de clases no son la solución. Ya lo describía muy bien G. Orwell, en su libro “La rebelión en la granja”, donde los cerdos engañan a los demás animales, y luego éstos se dan cuenta de que los marranos fueron más sanguinarios que los antiguos amos (los humanos). Esta situación es la que ha sucedido en todos los regímenes comunistas, socialistas y materialistas. Esclavizan más al ser humano y se aprovechan de los pobres. Sus ideas caen en la fantasía.

El medio de superar la pobreza no es fomentando el odio y la violencia, tomar las armas y repartir dinero (populismo). La vía propuesta por la Iglesia católica en su Doctrina Social ofrece caminos realistas, pero son pocos los que la conocen. Varios premios Nobel de Economía admiten que la encíclica “Deus caritas est” (Dios es caridad), de Benedicto XVI, expone el medio más adecuado que ayuda a alcanzar niveles de vida beneficiosos para todos. No son las ideologías que proponen ciertos gobiernos socialistoides, sino la propuesta de la Iglesia. Quienes, aun siendo cristianos, se dejan dominar por ideas contrarias al Evangelio, siguiendo caminos falsos y cómodos, pecan de ingenuos y, a la larga, no resuelven el problema, como lo ha constatado la historia. ¡Feliz Navidad!