Se nos ha ido un gran Papa. Su vida estuvo marcada por momentos difíciles, como haber vivido el Nazismo y sortear múltiples problemas durante esa época. Luego, durante sus años al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, enfrentó serios retos, entre otros, ofrecer una visión adecuada de la Teología de la Liberación. Siendo Papa, creó el ordinariato para los anglicanos que decidían estar en comunión total con el Catolicismo. Sus encíclicas han iluminado a los creyentes para poner en práctica el Evangelio en los tiempos actuales. Sin embargo, la bomba que explotó en todo el mundo fue su decisión de dejar su cargo como Papa. Levantó muchos rumores y sospechas, pero el motivo de su renuncia fue su estado de salud. Aunque los medios quieren llenar de intriga las acciones de la Iglesia para despertar el morbo.

La Iglesia como Barca de Cristo sigue su marcha, a pesar de los vaivenes de los acontecimientos que parecen hundirla, pero como Jesús lo afirma: Las puertas del infierno no prevalecerán (Mt 16:18 ). Y así ha acontecido a lo largo de los siglos.

Joseph Ratzinger tomó la dirección provisional de la Iglesia, luego de la muerte del recordado Papa polaco san Juan Pablo II. A Benedicto XVI le tocó presidir su canonización. Sin embargo, no se olvida que después de los funerales de Juan Pablo II, ya en el cónclave se barajaron diversas posibilidades para ver quién sería quien ascendería al Pontificado. En estas suposiciones, alguien se atrevió a decir que probablemente sería el cardenal J. Ratzinger. Fueron varios los prelados y gente de Iglesia que pusieron el grito en el cielo. ¿Cómo iba a ser un alemán, cuando su pensamiento era “rígido”, duro y poco flexible? Supusieron que haría de la Iglesia un bunker donde nadie podría moverse sin su consentimiento. Ni siquiera en sueños, Ratzinger podía ser Papa. Mucho prejuicio.

Sin embargo, hubo personas que veían en el cardenal Ratzinger a quien podría continuar con la dirección de la Iglesia, luego de Juan Pablo II. El trabajo del cardenal había sido intachable, además de ser un pensador indiscutible. Además, se había distinguido por sus obras, que fundamentaban la Teología católica. Participó en la elaboración del Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica y resultó ser un eficiente estadista al servicio de la Iglesia. ¿Por qué no se le quería? Había una gran cantidad de prejuicios por parte de sacerdotes y obispos que veían en él a un hombre inflexible. No obstante, la providencia de Dios hizo que fuese el elegido. Muchos pensaron que la Iglesia entraría a una era poco positiva. ¿Y qué sucedió? La Iglesia se afianzó y los temores de muchos se disiparon. La humildad, sencillez, capacidad intelectual y espíritu de trabajo del nuevo Papa Benedicto hicieron que la Iglesia siguiera su camino, según el plan de Dios. Ahora que el Señor lo ha llamado, puede aseverarse que su Pontificado, como todos, ha sido obra del Espíritu Santo. Nos deja su ejemplo de entrega y sacrificio por extender el Reino de Cristo, con la capacidad intelectual que le caracterizó. ¡Descanse en paz!