Por: Abelardo Aldama Andrade

Hace algunos años, una barrera de contención en la carretera entre Chavinda y Santiago Tangamandapio permaneció destrozada más de 3 meses, sin que las autoridades la quitaran. ¿Por qué tanta tardanza del gobierno (federal, estatal o municipal) para reparar ese daño? Otro caso se da en Jiquilpan, que presume ser pueblo mágico: presenta una carretera de entrada y/o salida en la parte oriental, que desde hace años requiere atención. Rellenar algunos agujeros con escombro o parchar no funciona. Desde su ampliación no ha recibido mantenimiento. ¿No les avergonzará a los funcionarios, su irresponsabilidad? Tal parece que no, y el aspecto que se le da a los turistas, a quienes cruzan y día a día van a su trabajo, es de insensatez y negligencia, y más porque en este tramo se encuentran el Instituto Tecnológico, el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana, asociado a la UNAM; el CECyT y el CIIDIR del IPN, y en dirección a Sahuayo, la Universidad de la Ciénega del Estado de Michoacán. Ese tramo carretero conecta con Mazamitla, Colima, y Manzanillo. ¿Qué demuestran estos hechos y miles de obras en el país, carentes de mantenimiento? Que la negligencia es característica distintiva de la personalidad mexicana. Aunque este defecto existe en muchas culturas, en México se potencia, por la apatía, la pereza, la mentira y la mediocridad propias de la idiosincrasia del pueblo, principalmente de los gobernantes.

Bien se dice que los mexicanos somos los hombres del mañana, porque siempre se pospone lo que debería hacerse hoy. La negligencia nace en el hogar, cuando, por ejemplo, el padre prefiere la poltrona para ver la TV, consultar las redes sociales o ver películas superficiales, mientras devora bolsas de comida chatarra (junk food), refrescos, cervezas y demás productos que perjudican al organismo, en lugar de ayudar en los arreglos de casa (pintar, cortar el césped, podar, regar, etc.), lo que da un ejemplo negativo a los hijos. En la escuela sucede lo mismo, en los trabajos y tareas. Un alto porcentaje de niños, adolescentes y jóvenes posponen sus deberes y la práctica de la lectura, por negligencia, potenciada por la pandemia. En el campo laboral, entre los mecánicos, plomeros, pintores, albañiles, taxistas, médicos, ingenieros, abogados, contadores, funcionarios públicos, comerciantes, empleados, deportistas, trabajadoras domésticas, obreros y demás, brillan la negligencia y la mediocridad. No se hable de los líderes políticos. Ellos son modelo de pereza, displicencia, desgano, mentira y negligencia; aunque quieran mostrar otra cara al pueblo, son los más negligentes. Así se las gastan los políticos. ¿Negligencia al 100 %?

Contadas son las personas que cumplen con responsabilidad su deber. La negligencia lleva a no estar al pendiente de las obras y a no darles mantenimiento, sobre todo las públicas. Es la causa del desplome de la L12 del Metro, según el último peritaje de la empresa noruega, que los responsables no aceptan porque los involucra. Un año después, no hay culpables, y las autoridades no dan la cara, por cobardía y corrupción. La descalificación al peritaje se debe a que no se apega a la “verdad” de los antiguos perredistas, hoy morenos. Ejemplo perfecto de negligencia.

Y aunque nos duela esta verdad, un alto porcentaje de mexicanos somos perezosos, negligentes y nada responsables en todos los rubros de la vida nacional, por eso nos agrada votar por partidos que dan dádivas (dinero), para no trabajar. Este comportamiento es resultado de una cultura mediocre y de una deficiente educación que viene desde antiguo. El ejemplo más notable de negligencia la ofrecen los políticos, sean revolucionarios, verdes, azules, amarillos, naranjas, guindas o rojos. Ninguno se escapa de esta personalidad perezosa, mediocre, injusta, negligente e irresponsable, y aunque esto desagrade y disguste, no puede negarse la realidad, por eso el país no progresa y mientras se sigan practicando los vicios/pecados capitales (orgullo, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza), olvidémonos de ver un país que sea justo, respetado y ejemplo para el mundo. ¿Quién admira a un pueblo así?