Abelardo Aldama - Andrade

Por fin, llegó la hora de ejercer el voto útil, como apuntan los obispos de la Región don Vasco, y elegir a los gobernantes que defiendan los intereses del pueblo y no los gustos, caprichos y prejuicios de los gobernantes. Todos los candidatos deben pensar en el bien común y en buscar el bienestar de los ciudadanos, para votar por ellos. Sin embargo, los políticos, para obtener el poder, hacen y deshacen a su antojo, sin importar la moralidad de sus acciones. Por otra parte, han contraído compromisos con grupos, y verse favorecidos, sin importar la idiosincrasia del pueblo, especialmente de los católicos.

Esperemos que se ejerza el voto por los candidatos que realmente busquen servir al pueblo y que el poder, la fama y, sobre todo, el dinero, no los obnubile. Es lamentable que en estos comicios, según algunos analistas políticos, se hayan infiltrado el narcotráfico y el crimen organizado, al imponer candidatos, a fin de realizar sus ilícitos “negocios”, de modo más libre. Junto a ello hay candidatos y gobernantes cuyo modus operandi es maquiavélico. Sólo conociendo las ideas de Niccolò Machiavelli (1469-1527), puede entenderse el comportamiento de algunos gobernantes. Maquiavelo es famoso por su actitud de indiferencia hacia la moralidad o inmoralidad de los medios empleados por el gobernante en la realización de sus fines políticos, que consisten en la conservación y aumento del poder. En su libro El Príncipe, comenta que el gobernante debe mantener la fidelidad y mostrar integridad, pues afirma que “no es necesario que un príncipe tenga todas las buenas cualidades que he enumerado, pero es muy necesario que parezca que las tenga” (No. 18).

Maquiavelo afirma que el príncipe necesita poseer y practicar invariablemente, buenas cualidades, pero pueden resultar nocivas, mientras que la apariencia de poseerlas es más útil. Es mejor parecer ser clemente, fiel, humano, religioso y recto, y es buena cosa serlo en realidad, pero al mismo tiempo, el Príncipe debería estar de tal manera dispuesto a obrar de modo contrario, cuando las circunstancias lo requieran. En síntesis, lo que cuenta, según Maquiavelo, son los resultados, y es por éstos que el pueblo juzga al gobernante. Si el Príncipe tiene éxito en establecer y mantener su autoridad, los medios que emplee serán siempre calificados de honorables y serán aprobados por todos, por eso consideraba que el gobernante tiene el derecho de valerse de medios inmorales para la consolidación y conservación del poder. En otro de sus libros, Discursos…, deja en claro que es legítimo en política, utilizar un medio inmoral para alcanzar un fin bueno.

Con estos pequeños trozos, puede entenderse cómo en varios países y, concretamente en México, se entiende el actuar de los gobernantes: manipular la Constitución a su gusto, suprimir fideicomisos, atacar y agredir a quien se le oponga o piense diferente, borrar programas sociales, según su parecer, buscar resultados que, aunque no favorezcan al pueblo, la gente vea que cumple, que es bueno, fiel y amante del pueblo, y demás hipocresías. Por ello, los electores que quieran el bien del país, tienen que abrir bien los ojos y analizar las ideas y propuestas, así como la actuación (moralidad) de partidos y candidatos. Aparentar que “La patria es primero” y hacer otra cosa, no es amar a México, sino sus propios intereses e ideologías. Recuérdese que una nación moralmente degradada y decadente está condenada a la destrucción. ¿Hacia allá va México? Dependerá de a quién se da el voto.