MONS. JOSÉ ESAÚL ROBLES JIMENEZ
Octavo Obispo de Zamora
(1974-1993)

 

José Esaúl Robles Jiménez nació en Jalpa, Zacatecas, el 4 de junio de 1925. Sus padres fueron Dn. J. Refugio Robles y Doña Ma. de Jesús Jiménez. De sus cinco hermanos, dos fueron religiosas y uno también sacerdote. La familia Robles Jiménez emigraría a Aguascalientes donde José Esaúl ingresó al Colegio de las Hijas del Sagrado Corazón y Santa María de Guadalupe. El 18 de octubre de 1936, a los 11 años de edad, entró al seminario de Zacatecas. En septiembre de 1938, fue enviado al seminario de Montezuma, donde era rector el P. Dn. Ramón Martínez Silva, S.J., hermano del obispo auxiliar de Zamora, Dn. Salvador Martínez Silva.
 
En Montezuma, además de buen estudiante, fue buen deportista, practicó el hockey sobre hielo, el beisbol, el volybol, el futbol y el basquet. También fue redactor de la revista Montezuma, en la que sus artículos, llenos de ironía y buen humor y bajo el seudónimo de Bernal Díaz del Castillo, eran leídos con gusto e interés. A su regreso a Zacatecas, en 1947 fue enviado ahora a Roma a estudiar una licenciatura en derecho y un doctorado en teología. Ahí en Roma, fue ordenado sacerdote el 2 de abril de 1949, en la capilla del Colegio Píolatino de manos de Mons. Alfredo Viola, obispo uruguayo.
 
Al volver a su patria, fue nombrado vicario cooperador del Sr. Cura Dn. Antonio Vela, fue también asistente de la ACJM en Guadalupe, encargado del Instituto Hacendario de la Diócesis, prefecto general y profesor del seminario, vicerrector y rector del mismo. En 1962 fue electo obispo de Tulancingo, siendo consagrado el 14 de septiembre de 1962 por el delegado apostólico, Dn. Luigi Raimondi. En esa Diócesis ejerció espléndidamente y con mucho fruto su apostolado episcopal, durante casi 13 años, hasta que, el 12 de diciembre de 1974, fue nombrado Obispo de Zamora, tomando posesión de esta diócesis el 13 de marzo de 1975.
 
El Sr. Robles fue el obispo mexicano más joven que asistió al Concilio Vaticano II. Ocupó varios e importantes puestos en la Conferencia Episcopal Mexicana, llegando a ser un tiempo vicepresidente de la misma. Su labor en la diócesis fue magnífica gracias a su celo pastoral y sus buenos colaboradores. Durante los 18 años, 7 meses y cuatro días de su gobierno muchas fueron sus obras.
 
Para sus sacerdotes, reorganizó la  Nivelación Económica, el CCYAS y las semanas de estudios y de formación para  ellos. Atención muy especial tuvo del Seminario, del que actualizó su reglamento, mejorando su economía y dotándolo de buenos educadores. Creo gran número de parroquias para una mejor atención de sus diocesanos.
 
En los religiosos y religiosas vio siempre el Sr. Robles elementos de gran valía y de inmensa ayuda, como lo demostraron la fundación del Monasterio Trapense en Jacona, de las Madres Adoratrices en San José de Gracia y en Jiquilpan, la aprobación de la Pía Unión de las Hermanitas del Sagrado Corazón y de los ancianos desvalidos, la aceptación del Noviciado de los padres combonianos en Sahuayo y de los Pequeños Hermanos de María para el trabajo pastoral en los pequeños poblados y en los barrios pobres de las ciudades.
 
En cuanto a la educación, promovió, ayudó y co-realizó la fundación de una Universidad para la juventud zamorana. Del mismo modo lo hizo con obras sociales: un albergue para los trabajadores del campo, el Hospital Margarita para los enfermos pobres, la fundación de Charitas, ayuda y apoyo al Grupo FAS (Fondo de Apoyo Social, con la ayuda alemana ADVENIAT) con despensas y varios proyectos de desarrollo social. Fue también un gran animador de obras ya existentes, como la Cruz Roja, alcohólicos y drogadictos anónimos, las cajas populares y las cooperativas, así como de múltiples jornadas electorales y de salud.
 
Dentro de su gobierno, se llevó acabo el centenario de la coronación de la Virgen de la Esperanza, patrona de la diócesis; el Sínodo Diocesano de 1987; se reorganizó la economía de la diócesis y suprimió muchos aranceles para favorecer económicamente a los fieles; se construyó y fundó el Instituto Cázares, en 1988, para la capacitación y preparación de agentes de pastoral; consiguió la devolución, por parte del gobierno, de la Catedral Nueva e, iniciando su terminación, hizo su dedicación como Santuario Diocesano a la Virgen de Guadalupe; se arregló la Iglesia Catedral con nuevo piso, remodelación de la sacristía, las  pinturas y los anexos de la Curia; y se fundó el periódico “Mensaje” que ha venido a ser realmente un buen instrumento de evangelización y de comunicación entre el Obispo y los fieles.
 
El Sr. Robles fue, sin duda, un gran hombre, con inteligencia y sentido práctico. Lo caracterizaron su alegría y entusiasmo, su sencillez y su amor al prójimo, su valentía y decisión, su humildad en muchos casos, unida a su prudencia y, sobre todo, su entrega total a su ministerio y su lucha constante por ser fiel a Dios, a la Iglesia y a su propia conciencia. Su fortaleza le ayudó en situaciones críticas y difíciles. Pero en definitiva, tenía una facilidad y capacidad para realizar grandes obras.
 
De pronto, el día 18 de octubre de 1993 significó para la diócesis de Zamora un día de pena y de consternación por la muerte de su obispo. Si bien desde la operación que le habían practicado hacia tres años, la salud del Sr. Robles se había quebrantado bastante, su muerte repentina y solitaria, causó verdadero impacto en toda la diócesis y fuera de ella. Su cuerpo fue sepultado el 20 de octubre en la Catedral zamorana.