MONS. JOSÉ OTHÓN NÚÑEZ ZÁRATE
Tercer Obispo de Zamora
(1909-1922)

 

José Othón nació en Oaxaca el año de 1867 y, después de entrar al seminario fue ordenado sacerdote en 1892, un año después de que la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII viera la luz, encíclica que pasó a ser el nutriente esencial de su ideal sacerdotal y su apostolado. Se dedicó casi por completo a hacerla una realidad, a poner en práctica su doctrina y sus directrices, convirtiéndose pronto en un verdadero apóstol del obrero y del pobre.
 
Era conocido como un amante de la prensa, de la enseñanza y de las ciencias, como un hombre consagrado totalmente a la clase obrera. Fungió como maestro del seminario, canónigo arcediano de la Catedral de Oaxaca, vicario general y gran colaborador de su obispo, Mons. Gillow. Quien precisamente, habiendo conocido y tratado al Sr. Cázares y viendo personalmente parte de su labor apostólica en Zamora, recomendó a su vicario general, el P. Núñez Zárate, como sucesor del Sr. Cázares en la Diócesis de Zamora, recomendación que fue atendida por la Santa Sede.
 
El Señor Núñez llegó a Zamora el 25 de julio de 1910 y con él llegó el celo apostólico por la clase obrera. Promovió el cooperativismo, el sindicalismo y defendió a toda costa los derechos de los trabajadores, su salario justo, sus debidas prestaciones y sus derechos y libertades políticas. Y en la Diócesis había muchos intereses creados.
 
Respecto de sus obras materiales, le tocó terminar el Palacio Episcopal, edificio en el que él mismo habitó. Construyó el Teatro Obrero y el Centro Recreativo y Cultural de Zamora, un verdadero complejo recreativo para uso exclusivo de los obreros promoviendo la recreación, educación y cultura. Cabe decir que la mayor parte de los gastos salió de sus derechos episcopales. Continuó con la construcción de la “Catedral nueva” e hizo algunas mejoras a la “Catedral vieja”.
 
Reformó los planes de estudio del Seminario con la ayuda del  P. Rafael Galván, comenzó a mandar al Pío Latino alumnos del Seminario (como a Salvador Martínez Silva, futuro Obispo Auxiliar de Zamora), admitió a los hermanos maristas en Jacona y en Uruapan, continuó apoyando el noviciado de los jesuitas en el Llano, así como a la expansión de la congregación de las hermanas de los pobres.
 
Fundó el Colegio San Luis, reorganizó la Escuela de Artes y Oficios, fundó la Escuela de Comercio, y una Normal Católica. Todas estas Instituciones verdaderas fuentes de educación y de promoción humana, trayendo innumerables beneficios a la ciudad y a tantas personas que en ellas se formaron y adquirieron una fuente de trabajo y un medio de vida y subsistencia.
 
Fundó en toda la Diócesis los círculos de obreros, principal factor para que la labor social en la Diócesis alcanzara el auge que alcanzó. Dichos círculos hacían conferencias, ayudaban a los socios enfermos y manejaban cajas de ahorro.
Fundó la Liga para proveer trabajo a los necesitados, promovió y ayudó a fundar Bibliotecas y Salas de lectura en varios pueblos de la Diócesis, fundó la Acción Católica Social, las Damas Católicas y el Secretariado Social, etc. Pero, sin duda alguna, la obra que trascendió las fronteras de la Diócesis y de México fue la celebración de la Segunda Gran Dieta de Obreros, celebrada en Zamora durante el gobierno del Señor Núñez del 19 al 22 de enero de 1813. Fue realmente un evento que sirvió de base, ejemplo y fundamento  para muchos movimientos sociales posteriores y cuya importancia se manifiesta en que, casi a cien años de distancia, en algunas Universidades de Europa se cita a esa Dieta de Zamora como una aportación importante a la solución de los problemas sociales universales.
 
          En esa Dieta, antes que la misma Constitución Mexicana del año de 1917, se plantearon  los diversos problemas e injusticias sociales, se dieron soluciones concretas y factibles y se exigió el respeto real a los derechos del trabajador mexicano. Desgraciada y dolorosamente son pocos los que en la actualidad conocen la importancia y la trascendencia de esa Gran Dieta de Zamora...
         
Desgraciadamente sobrevino el año de 1914 la revolución carrancista y con ella el destierro del Obispo Núñez y muchos de sus sacerdotes, la incautación de todas aquellas obras materiales y la supresión de todas las instituciones que operaban a favor de los pobres. El Señor Obispo Núñez tuvo que salir de su Diócesis a la que, desde Oaxaca o México, trató de seguir gobernando a base de una cotidiana correspondencia con algunos de sus colaboradores que pudieron permanecer en ella.
 
Regresaría a sus diócesis en 1919, sin embargo, en 1922, fue trasladado a Oaxaca como Obispo Coadjutor y luego sucesor de su anciano maestro y protector el Arzobispo Gillow. Todavía gobernó Oaxaca hasta el 5 de marzo de 1941, día en que muere en la misma ciudad que lo vio nacer. El Sr. Núñez se fue queriendo a Zamora y no se olvidó de ella, pues siguió conservando las amistades que en ella cultivó y varias veces regresó a ella, de visita, en tiempos del Sr. Fulcheri.