MONS. MANUEL FULCHERI PIETRASANTA
Cuarto Obispo de Zamora
(1922-1946)

 

Del matrimonio de Doña María de Jesús y Don Lorenzo Fulcheri, nació en San Ángel, D.F. un 16 de marzo de 1874, Manuel, futuro cuarto Obispo de Zamora. Fue educado en la natación, la equitación y la esgrima, con porte de aristócrata y noble, pero sin orgullo alguno. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Academia de Artes, donde pretendía estudiar arquitectura, no obstante, se decidió mejor a ser arquitecto y constructor en el orden espiritual e ingresó al Seminario de México y después, en 1896, se fue a Roma donde obtuvo los doctorados en teología dogmática y derecho canónico. Ahí mismo fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1898 por el Cardenal Parochi y  regresó a México en 1901.
 
Al llegar a su patria,  fue nombrado director espiritual del Colegio Jesús María y luego, maestro, vicerrector (1902) y rector (1907) del Seminario Conciliar, canónigo honorario de la basílica de Guadalupe y prebendado y canónigo de la Catedral Metropolitana, donde estuvo hasta el 6 de mayo de 1912, en que fue nombrado Obispo de Cuernavaca, para suplir al obispo zamorano Plancarte y Navarrete, siendo consagrado en la basílica de Guadalupe el 8 de septiembre de ese año, por el Arzobispo Mora y del Río, nacido en Pajacuarán. Fue el 21 de abril de 1922 cuando fue designado Obispo de Zamora y el 25 de junio de ese mismo año llegaba a su nueva diócesis.
 
Fue un pastor, no de nombre o de título, sino en la íntegra realidad de su sacerdocio y de su episcopado. Desde la escuela lo apodaban “el correcto”. Fue un hombre de intensa piedad y limpieza de costumbres, sereno, prudente, humilde, optimista, alegre, con amor a la verdad y a la armonía de su vida;  bondadoso sobre todo hacia los más pobres y necesitados, tenía una franqueza respetuosa, hasta el extremo de jamás hablar mal de nadie ni de permitir que otros lo hicieran delante de él. Era un hombre de paz, lleno de serenidad y de dominio de sí mismo.
 
El Seminario fue para el Sr. Fulcheri “la pupila de sus ojos”. Desde su llegada a Zamora, se preocupó por reorganizar esa Institución, escogiendo para su dirección y docencia a sacerdotes capaces y aptos para ello y enviando al Colegio Pío latino de Roma a varios seminaristas. En medio de muchas vicisitudes, como la persecución callista, cuando el Sr. Fulcheri tuvo que trasladarse forzosamente a Mixcoac, ello no impidió la reapertura de los seminarios auxiliares de Cojumatlán, Cotija, Yurécuaro y Purépero. Inclusive, cuando más tarde se dio su supresión en 1935, debido a la incautación de edificios dedicados a la enseñanza religiosa, el seminario siguió vivo escondido en sacristías y casas particulares. Con cuánta razón el Sr. Fulcheri lo consagró al Sagrado Corazón de Jesús. Y fue precisamente él quien estableció el día del seminario en la diócesis.
 
Así mismo se preocupó por la formación de sus sacerdotes, enviándoles a estudiar  a Roma y al recién entonces abierto seminario de Montezuma, entre ellos sacerdotes clave en la historia diocesana, tales como Ramiro Vargas Cacho, Luis Méndez Codina, Luis Caballero, Luis Mena; a  Francisco Valencia, Rogelio Sánchez y Alfonso Sahagún. Con espíritu de mutua colaboración y fraternidad, el Sr. Fulcheri celebró con ellos en 1937 sus bodas de plata episcopales y en 1942 con todos sus sacerdotes organizó el primer sínodo diocesano tan necesario y tan benéfico.
 
Lugar especial ocupó también en la actividad del Sr. Fulcheri la Acción Católica que Pío XI presentó al mundo como un movimiento seglar organizado, para “restaurarlo todo en Cristo”. Siguiendo la consigna del Papa el Sr. Fulcheri  trabajó en Zamora por la fundación y organización de esta obra que tanto fruto daría a la Iglesia Mexicana, al grado que es considerado el cofundador de la Acción Católica en México, pues fue quien hizo el primer esbozo de sus estatutos, terminándolos luego, durante la persecución religiosa en la ciudad de México en compañía del Sr. Darío Miranda, futuro Primado y Cardenal de México.
 
El Sr. Fulcheri siempre valoró en su justa medida el papel que los religiosos y las religiosas tenían en la diócesis, de ahí que, durante su gobierno los promovió y ayudó en lo que estuvo a su alcance: a las Madres Guadalupanas (fundadas por el P. José Antonio Plancarte) les brindó todo su apoyo; consiguió para las Hermanas de los Pobres la aprobación pontificia y definitiva en 1941; en su gobierno se establecieron los Padres Salesianos en Zamora; apoyó al P. José Ochoa con sus Tarcisios y sus Cecilias y aprobó diocesanamente la fundación de los Misioneros de la Sagrada Familia y a las Operarias Parroquiales del mismo P. Ochoa.
 
El 27 de julio de 1922 fundó la Asociación de Padres de familia en Zamora, asociación que luego se extendió a toda la república.  Organizó la Confederación del Trabajo en la diócesis y contribuyó a que se organizara en todo México. Puso especial cuidado por la organización de los catecismos a nivel diocesano y parroquial. Amante de la Virgen de la Esperanza, tenía en mente declararla patrona de la diócesis. Y formó la Comisión de Arte Sagrado que intervino directamente en la Iglesia del Carmen de Zamora y el Santuario de Apo.
 
El Sr. Fulcheri fue vicepresidente del Comité Episcopal, promotor entusiasta de la fundación del Seminario de Montezuma y actor importante en la construcción del monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete. 18 años después de haber llegado a Zamora y agobiado por el trabajo que iba en aumento en toda la diócesis (a pesar de que se había desmembrado de ella la nueva diócesis de Tacámbaro), pidió al Sr. Salvador Martínez Silva como obispo auxiliar en 1940.
 
Y después de una vida de entrega y de servicio, fue el 30 de junio de 1946, a las 3:30am, en San Ángel, D.F. cuando murió el cuarto obispo de Zamora, después de una enfermedad dolorosa, misma que sobrellevó en paz, dignidad y sentido del humor. El recibimiento de sus restos en la diócesis fue apoteótico. Sus restos fueron sepultados en el panteón de Zamora, pero el 6 de agosto de 1946, varios sacerdotes y laicos gestionaron ante el general Ávila Camacho (quien siempre habló muy bien del Sr. Fulcheri) para que fueran trasladados a la Catedral, donde reposan actualmente en la Capilla del Perpetuo Socorro, bajo la torre del lado sur.