MONS. JOSÉ MARÍA CÁZARES Y MARTÍNEZ
Segundo Obispo de Zamora
(1878-1909)

 

            José Ma. De la Merced nació en la Piedad el 20 de noviembre de 1832. Hijo de Don Ignacio Cázares y Doña Ignacia Martínez. Su educación estuvo a cargo del Sr. Cura Antonio de la Parra, cursando en el Colegio San Luis del Padre Villavicencio de 1846-1849, siendo luego alumno externo del Seminario de Morelia. En México se tituló como abogado en el Colegio de San Ildefonso, ejerciendo su profesión como juez de primera instancia en su tierra natal.
 
El llamado de Dios llegó por medio del Sr. Arzobispo de Michoacán Dn. Ignacio Arciga quien le invitó a abrazar el sacerdocio, abrazo consumado en 1869 con la ordenación sacerdotal. Se convirtió en teólogo consultor del Sr. Arciga en el concilio plenario latinoamericano, fungió como párroco del Sagrario, rector del seminario, vicario general, canónigo y juez de testamentos.
 
Fue el Papa León XIII quien le nombró obispo de Zamora después de casi un año de sede vacante, el 16 de agosto de 1878, siendo consagrado como tal en Morelia el 20 de octubre de ese mismo año y el 16 de noviembre tomó posesión canónica de su diócesis en la Catedral de Zamora, a la que se entregó en cuerpo y alma, hasta el exceso, lo que le llevaría a querer renunciar en 1889 por causa de salud, sin embargo, su renuncia no fue aceptada y se le nombró como obispo coadjutor al Sr. José de Jesús Fernández, quien más tarde sería administrador apostólico en sede vacante.
 
Fue un hombre de un gran carácter, de talento claro y profundo, persona de ciencia teológica, jurídica y filosófica, de contundente serenidad cristiana y de inexorable firmeza apostólica y pastoral. La caridad le transpiraba por todas partes y siempre pretendió ser veraz en la palabra y coherente en sus actos. Su recia fe y su sincera piedad fueron los elementos que lo mantuvieron constantemente pegado a su Dios y a sus semejantes. Su lealtad a la Iglesia se manifestó siempre en la obediencia razonada a los superiores y en la defensa apasionada de los derechos de esa Institución, tanto a nivel mundial, como nacional y particular en su diócesis.
 
Era un predicador sencillo, claro y valiente. A lo largo de sus 25,767 km. recorridos a pie y a caballo de sus visitas pastorales a las parroquias, conoció perfectamente su diócesis, sus sacerdotes y fieles. A su paso realizaba verdaderas misiones con innumerables confesiones, matrimonios, primeras comuniones y confirmaciones.
 
Como educador, se empeñó en la organización del Seminario, de la Escuela de San Luis, de las distintas escuelas en las parroquias, trajo a los Hermanos Maristas y permitió el Noviciado de los Jesuitas en San Simón y luego en El Llano, noviciado que trajo a la Diócesis innumerables beneficios, ya que la presencia de hombres como el Padre Pro y la ordenación de casi medio centenar de jesuitas estudiantes en ese Noviciado dejaron profunda huella en el pueblo cristiano.
 
Fundó la Congregación de las Hermanas de los Pobres, iniciando con la Srta. Margarita Gómez (ex novicia de las Hijas de la Caridad) en Sahuayo, a quien le pidió fundara una congregación para honrar a Jesucristo, especialmente en la persona de los pobres, ya fueran enfermos, niños, encarcelados e indígenas.
 
Juntamente con la construcción espiritual de la Iglesia Zamorana, el Sr. Cázares también fue un gran constructor de obras materiales. Podemos enumerar la continuación y terminación de la Catedral de Zamora en la plaza, así como de La Purísima, la iglesia votiva de Zamora. La iglesia de San José que se empezó a construir en 1880 y la reconstrucción del templo de San Francisco, destruido en 1863 y reedificado en 1881. Pero su obra magna fue sin duda la Nueva Catedral (hoy Santuario Guadalupano) en la que puso todo su corazón, su peculio y su interés.
 
El Señor Cázares luchó por una formación completa de los futuros sacerdotes, por lo que fundó siete seminarios menores: Sahuayo, Cotija, Purépero, Cojumatlán, Uruapan,  Yurécuaro y la Escuela de San Luis Gonzaga en Zamora. Además, abre las puertas del Seminario a los externos y lo convierte en un verdadero y reconocido Centro de Estudios Superiores, con Leonardo Castellanos y Rafael Guízar y Valencia a la cabeza, destacan alumnos como Amado Nervo, el General Francisco Mújica, Rafael Sánchez Tapia, gobernador de Michoacán, Daniel Valencia, presidente de la Suprema Corte de Justicia, Perfecto Méndez Padilla, diputado del Congreso y vicepresidente del Partido Nacional Católico, etc. En cuanto a la cantidad del mismo clero, debemos decir que fue durante el gobierno del Sr. Cázares cuando en la Diócesis de Zamora se ordenó el mayor número de sacerdotes.
 
La labor social desarrollada por él fue extraordinaria: asilos de niñas en Uruapan, Tangancícuaro, Paracho, Pamatácuaro, Patamban, Cotija, Nahuatzen, Ziracuretitro, Coalcomán, Taretan, Purépero, Tancítaro, Tingambato..., hospicios y hospitales que él organiza y aumenta en número, la casa de beneficencia, el Monte de Piedad, los asilos de Madrigal (en Pino Suárez), del Corazón Inmaculado de Maria en San Francisco (en la antigua huerta de los franciscanos), el de niños frente a los Dolores (hoy Mercado Hidalgo), la Escuela de Artes y Oficios, etc. Por ello, con cuánta razón se permitió por parte del gobierno del estado que la antigua calle del Relox llevase su nombre, aun antes de morir, por ser “un verdadero benefactor de la ciudad.”
 
Y fue después de casi 32 años, que la historia volvía a repetirse y Zamora volvía a llorar y a sufrir la pérdida de su pastor, casi en las mismas circunstancias. El 25 de febrero de 1909, el Sr. Cázares, salió a su última visita pastoral, comenzando por Ecuandureo, haciendo un alto en La Noria para seguir luego a Churintzio y finalmente a Zináparo, donde empezó a sentirse mal. Su amigo Dn. Pedro Jiménez lo llevó a su Hacienda de La Tepuza y ahí el Dr. Riera  aconsejó lo llevaran a Guadalajara en donde, el martes 23 de marzo, le diagnostican "impaludismo complicado con hemoglobinuria" y el día 31, Miércoles Santo, después de pedir, juntamente con los últimos Sacramentos, perdón a quienes hubiese ofendido, rodeado de algunos de sus más cercanos colaboradores venidos de Zamora, entrega su alma al Señor a las 4:10 de la tarde. En un tren especial fue traído luego su cadáver a Zamora, donde el llanto y la tristeza invadieron los corazones.