Mons. Leonardo Castellanos Castellanos

 

Nació el 6 de noviembre de 1862 en Ecuandureo, siendo sus padres Dn. Fernando Castellanos (de oficio sastre) y Doña Lugarda Castellanos. Fue bautizado al día siguiente y confirmado el 22 de febrero de 1866 por el Sr. De la Peña. Estudió las primeras letras en su pueblo natal, dando desde muy pequeño muestras de piedad, responsabilidad y humildad, y aunque era algo tímido tuvo muchos amigos en el pueblo.

 

El 15 de enero de 1875 ingresó al Seminario de Zamora, primero como alumno externo (por la pobreza de su familia) y luego como interno. Aunque no fue un alumno brillante, amaba el estudio y las prácticas de piedad. El 20 de marzo de 1886 fue ordenado sacerdote y enviado al poco tiempo a Ecuandureo para atender su quebrantada salud; no obstante, el catecismo, las confesiones y las visitas a los enfermos y a los pobres fueron sus constantes ocupaciones.

 

Después de haber fungido como vicario, fue nombrado párroco de Ecuandureo en 1889, dedicándose plenamente a su ministerio y realizando obras como la fundación de una escuela y de una mutual, así como la construcción de las dos torres de la iglesia parroquial. Fue nombrado por el Sr. Cázares canónigo de la Catedral de Zamora en 1905, y posteriormente rector del Seminario, ambos cargos los aceptó con humildad y los desempeñó con responsabilidad y entrega absoluta.

 

El 29 de abril de 1908 fue nombrado obispo de Tabasco, recibiendo la consagración episcopal en la Basílica de Guadalupe el 27 de septiembre y tomando posesión del cargo el 4 de octubre. Desde su llegada, el Sr. Castellanos comenzó a ganarse la voluntad y el respeto de sus feligreses, sobre todo con su propia pobreza y austeridad, su entrega total al servicio de todos y su bondad y humildad manifestadas en todos los ámbitos, haciéndose “todo para todos”, atendiendo a los más necesitados y ocupando casi todo su tiempo en la predicación y la confesión. Con su precaria renta episcopal fundó una escuela, impartió clases gratuitas en el Instituto Juárez y no cobraba estipendio alguno a los pobres por la administración de los sacramentos.

 

Más cuando llegó la peste amarilla a Tabasco, el Sr. Castellanos se expuso demasiado en el auxilio a los enfermos y terminó por contagiarse de la terrible enfermedad. Después de 8 días de sufrimiento intenso, sobrellevado con valetía y heroísmo, el santo varón murió el 19 de mayo de 1912. A su funeral y entierro acudió muchísima gente, incluso anticlericales. Poco después, gracias a las gestiones de Dn. Enrique Ruíz Pérez y del entonces gobernador de Tabasco Francisco J. Múgica (ex alumno del Sr. Castellanos en el seminario de Zamora) sus restos fueron trasladados a Ecuandureo, donde reposan actualmente.

 

En 1953 se inició en la Curia de Zamora el proceso informativo diocesano acerca de la fama de santidad del Sr. Castellanos, terminándose en 1960, año en que se remitió a Roma. En julio de 1964 la Sagrada Congregación de Ritos examinó los escritos del Siervo de Dios y declaró no haber ningún inconveniente para que prosiguiera el proceso, y el 30 de marzo de 1976 la Congregación para las causas de los Santos aprobó la introducción a la causa del Sr. Castellanos, con la ratificación del Papa Pablo VI.

 

San Rafael Guízar y Valencia quien le trató en unas misiones en Tabasco dijo de él “Yo puedo dar testimonio juramentado, cuando se haga necesario, de que el Ilmo. Sr. Castellanos practicó las virtudes teologales y cardinales de un modo heroico, pues lo traté de cerca durante algunos años.” Así mismo, el secretario particular del anticatólico Garrido Caníbal declarado ateo diría del Sr. Castellanos: “Si todos los curas fueran como Dn. Leonardo, yo me haría cura.”

 

41 años después de su muerte, en 1953, se abrió el proceso para su beatificación y terminó favorablemente el 6 de julio de 1960. El Episcopado Mexicano en 1949 pidió a la Santa Sede que dicho proceso se realizara en Zamora, por la escasez de clero en Tabasco, lo que concedió la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos.