Cuenta la tradición que un fraile que evangelizaba el barrio de La Ánima, encontró un tronco de camichín que simulaba los rasgos de un Cristo.  El tronco se entregó a un escultor, según parece de Pátzcuaro, para que lo perfeccionara, en el siglo XVI. El madero fue devuelto con la figura de Cristo perfeccionada y puesta a la veneración de los cojumatlenses, que en un inicio lo festejaban el 14 de septiembre. En 1815 era una imagen muy querida y venerada en la ribera del lago de Chapala; años más tarde, la fiesta se cambió al 3 de mayo, y pasó a ser del Señor del Camichín a del Señor del Perdón, quien ha socorrido y acompañado a esta comunidad durante toda su historia.

Como cada año, el templo parroquial lució bellos decorados en telas y flores, en esta ocasión con el tema “La gloria del Señor”, elaborado por Iván Rosa. Desde el 24 de abril, los cuarteles, comunidades, grupos y gremios que conforman la parroquia, realizaron el novenario en honor a su Cristo, con procesiones, misas y la administración de los sacramentos.

El 3 de mayo, Día de la Santa Cruz, muy de mañana, los hijos ausentes le cantaron las mañanitas al Señor del Perdón, acompañados por música de banda y mariachi; enseguida se celebró la primera misa del día, y durante la mañana y tarde, la comunidad visitó el templo parroquial, en un ambiente de convivencia familiar y fiesta, no sólo ahí sino en las calles aledañas al recinto. Alrededor de las 4 de la tarde, más de 500 mujeres y 500 hombres se dieron cita para formar la valla y cargar la pesada y bella anda en la que el Señor del Perdón sale a recorrer las calles de Cojumatlán, para llegar al campo de futbol de la unidad deportiva. La procesión iba encabezada por el grupo de monaguillos, los niños que realizaron su primera Comunión, las danzas y el Sr. Cura Jesús Quintero, El P. José Manuel Reynaga y Mons. Jaime Calderón, quien desde su consagración episcopal ha acompañado a esta comunidad en el día de su fiesta. En medio iba la imagen del Señor del Perdón, seguida por los cargueros, que ordenadamente hacían un colorido rio de fieles, junto con los demás fieles que caminaban orando, cantando y gritando vivas a su Cristo. Ya en el campo, el Sr. Cura Jesús dio la bienvenida a todos, y comenzó la solemne Eucaristía, bajo un cielo nublado: el rio de color se convirtió en un lago de fieles que participaron devotamente en la procesión.

“Poder celebrar en esta tarde, la fiesta que reúne, no sólo físicamente, sino en espíritu, a todos los que amamos a Jesús y que de modo especial nos unimos en su amor en la advocación del Señor del Perdón, tiene que ser un momento de encuentro con nuestro Padre Dios. Cada año vengo aquí con ustedes, con mucho amor, porque amo a Jesús y me fortalece y revitaliza mi ministerio ver la fe y el amor que también ustedes le tienen al Señor”. Éstas fueron algunas de las palabras más emotivas en la homilía que Don Jaime dijo en la celebración, además de recalcar que es Dios quien nos ama a nosotros, primeramente, por medio de la expresión de Cristo en la Cruz y en la Resurrección, siendo así que la última palabra del Padre es la vida plena, total y definitiva, y que debemos confiar en su palabra y colaborar con Él, y no solamente expresarlo con la boca, sino con los actos. Invitó a ofrecer este día para que nuestra cotidianidad sea motivada a ser expresión de amor y vida, para que sea una comunidad con expresión del amor de Dios en medio de las dificultades que se presentan.

Después de la misa, cientos de globos fueron soltados al cielo, y el Señor del Perdón volvió en hombros hacía su templo. Pese a la ligera lluvia que se hizo presente, el amor y el esfuerzo de los cojumatlenses no disminuyeron, y con ese mismo ánimo, el Señor del Perdón fue colocado nuevamente en su trono, para bendecir a sus hijos. Por la noche, la convivencia continuó en los alrededores del templo parroquial y la plaza, con música, baile y cohetones.

Nos vemos el año que entra, para gritar nuevamente juntos que “el mero mero es el Señor”.